martes, 6 de febrero de 2018

El Kerameikos de Atenas.




"Los muertos se colocan en el sepulcro público en el barrio más bello de la ciudad, en el que los que caen en la guerra siempre están enterrados"



Tucídides. La Guerra del Peloponeso





La tumba de los héroes es el universo entero y no está en las columnas recargadas de fastuosas inscripciones. 




Pericles. S. V a C. Logos Epitaphios



Pocas veces atiende el viajero a los lugares donde yacen los que se fueron, pero en el caso de algunas necrópolis es, ciertamente, especial el interés y no es sólo por que se trate de "parques arqueológicos", yacimientos en los que la puesta en valor de los restos es atractiva e interesante o por que existan museos con piezas excepcionales, sino por que muestran la grandeza política, social e histórica de quienes los levantaron; si además se convierten en lugares de serenidad en las ciudades modernas, como ocurre con cementerio ateniense del Kerameikos, en la calle Ermou, a unos cientos de metros del extremo del bullicioso y turístico barrio de Monastiraki, muchísimo mejor.
Fue precisamente desde aquí donde intenté visitarlo el primer día de mi estancia en Atenas pero calculé mal los horarios y habían cerrado para cuando quise llegar, así que esperé al último día de viaje, de regreso a la capital, para echar la mañana en hacerlo y mereció la pena, tal y como esperaba.





Allí, en una planicie situada sobre el lecho del río Erídano se encontraban los mejores barros para la artesanía de las cerámicas, que le deben su nombre griego. La misma tierra que se transforma en un vaso en las manos y el torno del alfarero, acogía, desde época remota los restos de los atenienses, de modo que las instalaciones industriales artesanales se hallaban compartiendo ciertos espacios con el cementerio más espectacular e importante de toda Grecia.
La ciudad, desde sus orígenes, situó su necrópolis en un terreno adyacente, una zona sin casas a una distancia aproximada de 1 kilómetro de la Acrópolis, hacia el norte, algo más allá del ágora.






Muralla de Temístocles en el Keramikos

Al finalizar la I Guerra Médica,  el político y general Temístocles ordenó levantar un nuevo recinto amurallado que partió en dos el Cerámico, reduciendo el área de enterramiento extramuros de la ciudad, al otro lado de la puerta del Dypilón. Este nuevo acceso urbano, que era en realidad una doble puerta, conducía a una vía urbana y también era el comienzo de la Vía Panatenaica, la calle principal de Atenas, que llevaba hasta la Acrópolis y  era recorrida  por la procesión de las Panateneas, cuyos preparativos tenían lugar en el interior del Pompeion, un gran edificio levantado a finales del siglo V a. C. que se hallaba detrás de la muralla, junto al Dípilon. En el mismo liezo fortificado y al lado del Dipilon se abría la Puerta Sagrada que conducía hacia Eleusis.

El cementerio ateniense alojaba las tumbas de los guerreros muertos en combate, pero también los mausoleos de las familias pudientes y miles de tumbas de ciudadanos bien documentadas desde el siglo X a C, hasta época tardorromana.

Muchos de estas seculares construcciones fueron arrasadas a lo largo de la historia de Grecia, primero por el ejército romano de Sila, en el año 86 a. C.; más tarde, en el siglo III nuevas construcciones realizadas sobre sus restos fueron destruidas por los escandinavos hérulos, para acabar a finales del siglo VI, siendo devastadas por las incursiones de los bárbaros ávaros y eslavos.
La milenaria necrópolis del Cerámico  acabó siendo abandonada y se convirtió en un olivar hasta que a mediados del siglo XIX Atenas se convierte en la capital del nuevo Estado Griego.
Se planifican entonces nuevas infraestructuras. Una de las nuevas arterias urbanas, que discurre del norte al sur de la ciudad permite descubrir algunas piezas funerarias sueltas atribuidas a un cementerio clásico.
Pero en 1863, durante la explotación de las arenas en la zona de la iglesia de la Santísima Trinidad -Hagia Tríada- un operario descubre ya un monumento completo en pié con mas de 3 m de altura conservada, cuya inscripción decía: Agatón de Heraklea.

A partir de entonces comenzaron las excavaciones arqueológicas encargando la Sociedad Arqueológica Ateniense la primera de aquellas a sir Arthur Evans, que halló la Estela de Dexileo,  el toro que coronaba el templete de Dionisio de Cólito y el el tramo más espectacular de la llamada Vía de las Tumbas.
Más tarde,en 1870, Estéfanos Kumanudis, el arqueólogo griego más eminente de la época, se hizo cargo de la excavación sistemática de la zona, complementando el trabajo de campo con el estudio de los clásicos. Por los textos de Tucídides y Pausanias se sabía que en el cementerio del Cerámico se hallaba no sólo la principal necrópolis ateniense, donde fueron enterrados Clístenes y Pericles, sino el monumento funerario colectivo costeado por la ciudad para dar sepultura a los caídos en combate, el Demosio Sema, junto al cual Pericles había pronunciado su famosa oración fúnebre. Si quieres leer el texto completo, pulsa aquí

En 1871 acaba por confirmarse el reconocimiento de esta necrópolis como el antiguo cementerio histórico del Keramikos al ser hallado un cilindro funerario con la inscripción horos Kerameikou, así como un gran número de tumbas rematadas por estelas de mármol que hoy proporcionan un amplio muestrario de escultura griega desde finales de época arcaica hasta el año 317 a.C., fecha en que por ley se prohibió todo signo de ostentación funeraria.
La mayor parte de las tumbas se corresponden, por tanto, con los siglos V y IV y constituyen las mas refinadas y espectaculares piezas en relieve y escultura del cementerio.

Queda, igualmente, atestiguada, en el área situada junto a la puerta de Dípilon, la existencia de una necrópolis mucho más antigua, datada entre el siglo X  y VIII a.C. completamente diferente, caracterizada por tumbas tumulares con enormes vasos cerámicos -cráteras sobretodo, decoradas con motivos geométricos.



El llamado Vaso del Dipilon de estilo geométrico. En el Museo Arqueológico Nacional de Atenas


Detalle de la prótesis o presentación del cuerpo del difunto. A su alrededor familiares y plañideros como motivo central y principal del Vaso del Dipilon.


Tampoco es esta la ocupación más antigua del Cerámico pues existen evidencias de enterramientos de la Edad del Bronce, datadas hacia el 2300 a C.
Lamentablemente,a  la vez que se llevaban a cabo las excavaciones arqueológicas particulares adinerados saqueban y traficaban con los objetos arqueológicos del Cerámico, vendiendo objetos a los museos europeos y americanos. Es el caso de Ioannis Paleólogos, el mayor traficante de antigüedades de la época, amigo y proveedor de Rusópolos, apodado «el Gitano» pese a que pertenecía a una de las familias atenienses de más solera. De esta actividad en el Cerámico provienen dos de las piezas más emblemáticas del Museo Arqueológico Nacional de Atenas: el oinokoe con la inscripción alfabética más antigua hallada en Grecia y el ánfora decorada con escenas funerarias atribuída al Maestro de Dípilon .

En 1913, el Instituto Arqueológico Alemán se hizo cargo en solitario de las excavaciones del Cerámico y ha seguido al frente hasta la actualidad, salvo interrupciones por causas políticas. Sus
trabajos han revelado más de 6.000 tumbas en un área de 38.500 metros cuadrados.

En 1937, gracias a una donación, se construyó un museo para albergar los hallazgos, ampliado en 1960 y remodelado en 2004. Tras la apertura de la red de metro y la puesta en marcha del parque
arqueológico que ha de unir el Cerámico con la Acrópolis se han localizado una fosa común y casi mil tumbas individuales, relacionadas tal vez con la epidemia de peste que asoló Atenas entre los años 430 y 427 a C.
Bajo una canalización se halló un kouros, hoy expuesto en el museo del cementerio.




Aspecto de las tumbas clásicas con algunas reproducciones de las lápidas que se exponen en el museo.



Circuito de visita en la zona extramuros del Cerámico. Al fondo la muralla de Temístocles y delante algunas construcciones clásicas





Cimiento de una de las torres de la Puerta del Dipilon.



Vía de la Puerta del Dipilon




Uno de los túmulos funerarios arcaicos (s. X al VI a C.) del cementerio




Reproducción de estelas sobre sus emplazamientos primigenios en el Kerameikos. Corresponden a personajes y familias de la aristocracia ateniense.
S. V y IV a C.



Copia del toro de Dionisos de Kolitos sobre su peana.



Diferentes copias de estelas funerarias colocadas sobre los mausoleos del Kerameikos



Aspecto de la vía de las tumbas nobles del cementerio entre los olivos, los mausoleos y las copias de las estelas.



Los cipos, estelas funerarias cilíndricas,  se alinean, por centenares entre los olivos con inscripciones.




Estelas simples de las tumbas mas corrientes



Cipos dobles




Cajas funerarias de piedra



Museo del Kerameikos









Estela de Demetria y Pamphilia. Finales del siglo VI a C. 325-310 a C.



Gran toro del recinto funerario de Dionisos de Kollytos, situado en la Avenída de las tumbas. S. IV a C., entre el 345 y el 340 a C. Estaba sobre una alta peana.





Kurós arcaico procedente de la necrópolis.



Fragmento de estela con un guerrero. Cabeza y brazo



Estela de Amfarete.
Sentada en un klismos, la mujer aparece con su nieto en el regazo. 430-420 a.C.



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Cerámicas funerarias arcaicas protagonizadas por motivos geométricos, figuras humanas y caballos.







Las representaciones de plañideros y plañideras son muy normales en la pintura y en la escultura funeraria en barro.



Los brazos de los acompañantes del cortejo se colocan a la altura de la cabeza y del pecho
















En las proximidades del Kerameikos se hallan los restos del santuario de Ártemis Soteira, la advocación de la diosa dedicada a la sanación y el alivio del dolor. A finales del siglo XIX, la excavación arqueológica dirigida por Kyriakos Mylonas descubrió un ónfalos - una pieza cónica que representa el ombligo del mundo y la creación del cosmos (recuerden Delfos)- fabricado en mármol situado en el centro de un espacio de planta rectangular.
Recientemente, en 2012, se reveló que esta pieza se hallaba colocada sobre una losa de mármol.  Jutta Stroszeck, arqueóloga del Instituto Arqueológico alemán en Atenas y directora de las excavaciones en Kerameikos, inició una investigación sobre el tema levantando el ónfalos. Con enorme expectación hallaron bajo el mismo un pozo circular construido con cilindros de arcilla y cubierto con más de veinte inscripciones en griego, todas repitiendo la misma frase: "Ven a mí, oh Peán (Apolo), trae el oráculo verdadero"
La propuesta interpretativa es que este lugar habría sido utilizado en algún tipo de ritual de adivinación a través del agua. 



El oráculo de Atenas. Fot National Geographic

La visita a este singular  cementerio es una experiencia de tranquilidad, curiosidad y asombro. Los materiales arqueológicos son excepcionales en la exposición permanente y en las salas del Museo Arqueológico Nacional de Atenas y la comprensión de los espacios urbanos, las fortificaciones, vías, oráculo y edificios de diferentes épocas un palimpsesto histórico excepcional.
Resulta un complemento indispensable de la visita a la antigua ciudad de Atenas y puede hacerse con la entrada conjunta de la Acrópolis, el templo de Zeus Olímpico, el Ágora y el ágora romana.

¡Que tengan una feliz semana!





Bibliografía

MARÍA TERESA MAGADÁN; El Cerámico, la necrópolis de la antigua Atenas
https://www.academia.edu/31698385/El_Cer%C3%A1mico_la_necr%C3%B3polis_de_la_antigua_Atenas


https://es.scribd.com/document/343791264/Oracion-funebre-de-Pericles-Logos-epitaphios-pdf

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