martes, 5 de diciembre de 2017

Cariátides




Sustráete de la piedra! ¡Rompe
la cavidad que te aprisiona! ¡Irrumpe
en la campiña! Mófate de las cornisas –
mira: por la barba del ebrio Sileno
desde un eterno tumultuar
estremecido por extraña música
gotea vino en su sexo.

Escupe la sed de las columnas: seniles
manos muertas temblaron
hacia nublados cielos. Derriba
los templos ante el ansia de tus rodillas
que anhelan danza.

Extiéndete, florece, oh, sangra
tu suave arriate de grandes heridas:
mira, Venus con sus palomas se ciñe
de rosas la puerta del amor de las caderas –
mira exhalar este último azul del estío
vagar a la deriva en el mar de ásteres hacia las lejanas
riveras brunas de los árboles; mira
alborear esta postrer hora falaz de felicidad
sobre nuestra meridionalidad
alta como una bóveda.

Gottfried Benn. 1886



Elena, la que cautivó al príncipe troyano Paris, procedía de la ciudad lacónica de Caris, famosa por la belleza de sus mujeres. Situada en el Peloponeso, se había aliado a los persas contra las ciudades aliadas helenas en el conflicto de la II Guerra Médica, que tuvieron lugar en el siglo V a.C.
Cuenta Vitrubio que los griegos, vencedores, arrasaron Caris, pasaron a cuchillo a sus hombres y tomaron como botín de guerra a sus mujeres. Esclavizadas, distribuidas entre los vencedores, habían de aguantar, como tantas y tantas otras a lo largo de la historia de la Humanidad, una pesada carga permanente.
No obstante, Lessing, afirmaba que la asociación de las esculturas del Erecteion de la Acrópolis Ateniense con las mujeres de Caria se sostiene en una cuestión religiosa ligada al hecho de que en Caris tenía lugar un ritual en honor a Artemisa, en el que mujeres jóvenes danzaban en círculos frente a la estatua de la diosa con canastas sobre sus cabezas que contenían ofrendas en su honor.




Estos son los puntos de partida para que Alcamenes, uno de los mas afamados discípulos de Fidias, decidiera levantar como columnas del pórtico sur del templo ateniense, unas figuras femeninas conocidas como cariátides, que de modo metafórico soportaban la pesada cubierta de la construcción.













Esta tribuna es el ejemplo mejor conservado y mas famoso de columnas antropomorfas de la antigüedad griega que forma parte del proyecto de Pericles para convertir la ciudad de Atenas en un lugar de prestigio a través de la reconstrucción de su acrópolis -que había sido destruida durante la segunda guerra médica, de la que Grecia había salido victoriosa-.
El Erecteión estaba edificándose en un momento de confianza y orgullo griego, dentro del que se desarrolló el arte clásico, que combina a la perfección el interés por  la naturaleza humana, la armonía y la belleza haciendo posible que arquitectura, escultura y cuerpo humano se conviertan en un hecho único. Era un templo dedicado a los cultos más antiguos de la ciudad y estaba consagrado a los dioses Atenea, Poseidón y Hefesto, así como a los mas antiguos y míticos reyes atenienes Cécrope y Erecteo. Este espacio sagrado concentraba las leyendas sobre la fundación de la antigua ciudad, las de las disputas divinas, como de de Atenea y Poseidón, en las que la primera venció dando origen al nombre de la ciudad,  así como  algunas de las reliquias sagradas atenienses mas antiguas: las tumbas de los dioses fundadores, un pozo de agua salobre y el olivo sagrado de Atenea tras vencer al dios del mar. Se creía que la escultura de la diosa que allí se levantaba y que se conocía como Atenea Polis, había caído del cielo, siendo consagrada por Cécrope.

Su pórtico sur, conocido como la Tribuna de las Cariátides  se sostiene sobre seis columnas de 2, 3 m, concebidas como esculturas femeninas de pie y con túnica, que estaban policromadas. Había sido levantado a finales del siglo V  como un espacio, al que no podía accederse desde el  exterior, que se orientaba a la contemplación del Partenón y que ocultaba la escalera de acceso a la tumba del mítico rey serpiente Cécrope, fundador de Atenas. 
Estaba dedicado a Pandrosia, hija del legendario rey Erecteo, de quien proviene el nombre del templo, que era considerada como inventora del tejido y a la que rendían culto las arréforas, mujeres de la nobleza ateniense encargadas de tejer peplos. Las cariátides visten esta túnica tradicional de la antigua Grecia.
Sus cariátides conservan pequeñas variaciones en el rostro, el peinado y los atuendos, soportando, todas por igual, su peso sobre una pierna, doblando suavemente la otra; las tres del lado derecho se apoyan sobre su pie izquierdo, mientras las tres del lado opuesto lo hacen sobre el derecho. Esta posición, que relaja una de las piernas para estirar aquella que sostiene la estructura del cuerpo, es común en la escultura clásica, brinda fluidez al conjunto y evita la sensación de rigidez. Desde el punto de vista arquitectónico, sin embargo, las cariátides proyectan estabilidad, sus brazos se ubican junto al resto del cuerpo para brindar una mayor firmeza, igualmente, el intricado peinado refuerza el área del cuello, que de otra forma sería demasiado delgado para soportar el peso de la cubierta.
La tribuna  se encuentra desplazada del eje central del edificio, formando una saliente sobre la pared desnuda al extremo sur del templo, de tal manera que sus mujeres columnas dirigen su mirada hacia el Partenón.
Cuando a principios del siglo XIX, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y embajador británico en Constantinopla, hizo quitar una columna y una de las cariátides del pórtico sur del Erecteion de la acrópolis de Atenas, así como numerosas esculturas del Partenón, para venderlas al Museo Británico, no se entendía como expolio que alguien aprovechara el desamparo y la falta de estima por el patrimonio cultural de los griegos en aquellos momentos.
En la actualidad, las cariátides ubicadas en el Erecteión son réplicas, cinco de las originales son expuestas en el museo de la acrópolis en Atenas y una más, como acabamos de ver,  se encuentra en el Museo Británico en Londres.
Hace unos años, la artista Amalía Sotiropoulou presentó en la Galería Skoufá de Atenas la exposición fotográfica Missing Sister-Trilogy. Con esta muestra Sotiropoulou completaba una trilogía dedicada a las cariátides del Erecteion que comenzó en 2013 con la instalación de varias esculturas en el paisaje urbano ateniense. Un año más tarde, la fotógrafa viajó hasta el Museo Británico de Londres para plasmar en fotogramas a la cariátide secuestrada por Elgin a principios del siglo XIX, la Missing Sister, esa que los griegos y filohelenos desearíamos ver algún día completando el conjunto en el luminoso Museo de la Acrópolis.






¡Que tengan una feliz semana!




Nota: los aditamentos puestos en la actualidad en la tribuna, que supongo luminarias, son de una entidad tal que su presencia diurna es una tortura para quienes buscamos la mejor foto del conjunto de la tribuna.

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