martes, 12 de diciembre de 2017

Museo Bizantino de Atenas


Glykophilousa
Mosaico icono con marco de madera  de la Virgen con el niño procedente de Triglia en Bitinia, cerca de Constantinopla. Se trata de una Madre de Dios protectora, Episquepsis, realizada para ser portada en las procesiones ceremoniales. El resto del tiempo permanecería conservado en la iconostasis.


Siempre me ha sorprendido y gustado el mundo de los iconos orientales. Me parece sorprendente que, aún hoy en día, existan imágenes devocionales con tanta tradición y un saber hacer tan antiguo. Descubrir algunas de sus influencias en la Península Ibérica no ha hecho sino acrecentar el deseo de conocer mas y mejor estas manifestaciones y la oportunidad llegó de la mano de un viaje a Grecia en el que Atenas era una de las preferencias. Sorprendentemente, la visita al Museo Bizantino, no ha sido lo único que me ha transportando donde yo tanto anhelaba, pues cada pequeña iglesia, cada fiel ortodoxo presignándose, besando o acercando su cabeza a las imágenes, la visita a Meteora y los cantos de la iglesia oriental, me han permitido disfrutarlo en diferentes ocasiones, lugares y circunstancias.


Con Justiniano, el imperio bizantino tuvo presencia en el sureste de la Península Ibérica


En el siglo XVI comenzó a usarse el término Imperio Bizantino para designar al Imperio Romano a partir del siglo IV. Se trataba de un estado multinacional y, al menos inicialmente, multirreligioso, que tuvo un efecto decisivo en el devenir del mundo antiguo y medieval desde el siglo IV hasta 1453, cuando fue conquistado por los turcos otomanos. 
Desde el siglo IV, con la capitalidad transferida de Roma a Constantinopla, el Imperio comenzó progresivamente a cambiar territorial y administrativamente. Bizancio, la antigua colonia de la ciudad griega de Megara en la costa de Bosporos, fue renovada, adornada y rebautizada por el emperador Constantino el Grande.
Hasta el siglo V, el Imperio se extendió entorno al Mediterráneo abarcando Europa, Asia y África, pero a finales del mismo siglo, la presencia y empuje de las tribus nómadas lo acabó limitando a la zona mas oriental de su territorio. Desde entonces, sus fronteras cambiaron continuamente. En el siglo VI era un estado vasto, multinacional y aún multirreligioso. En los siglos XI y XII, todavía multinacional, se extendió por los territorios helénicos, el Egeo y de Asia Menor. En el siglo XIII, en 1204, dejó de existir, después de ser abolido por los cruzados de la Cuarta Cruzada, y fue sustituido por pequeños estados. Después de su reconstitución, en agosto de 1261, y principalmente durante los siguientes dos siglos, XIV y XV sufrió cambios interminables en sus estructuras, su función, su carácter.
Las incursiones bárbaras de los siglos II-VI, la expansión de los árabes a partir del siglo VII, las plagas, los cambios climáticos y otros factores dejaron sus huellas en sus ciudadanos, su administración, su cultura.
Mas de 25000 piezas de este mundo cultural secular, procedentes de Grecia, Asia Menor, los Balcanes y el Egeo, forman parte de la magnífica exposición de uno de los Museos de visita imprescindible en Atenas,  El Museo Bizantino y Cristiano.


Se ubica en la Villa Illisia, uno de los edificios más elegantes de la Atenas,  levantado recién establecida como capital del estado griego. En aquellos momentos, la ciudad pasó de tener 7.000 habitantes, a duplicarse con la llegada de funcionarios y numerosos nuevos residentes nacionales y extranjeros: europeos filohelenos, empresarios, banqueros, etc. y entre ellos la aristócrata Sophie de Marbois, duquesa de Placentia.
Había nacido en 1785 en Filadelfia, Estados Unidos. Era la hija del político y diplomático francés Marc François Barbé de Marbois y la estadounidense Elisabeth Moore. Se casó con Charles Lebrun, hijo de Napoleón y duque de Placentia (Piacenza o Plaisance). Fascinada por la impresión que le había causado la lucha de los griegos en Europa, llegó a Nafplio, la capital interina del estado.  Desde 1831 comenzó a comprar grandes terrenos en Atenas y Penteli, estableciéndose en Atenas tras muerte de su hija en 1837. La presencia en la ciudad una personalidad como la duquesa, con el intenso pasado, la gran riqueza, el estilo de vida peculiar y percepciones extrañas, fue un acontecimiento excepcional en la sociedad ateniense del tiempo.
Ella instruyó al arquitecto Stamatis Kleanthis para construir seis edificios en total, en Atenas y sus alrededores, entre los que se encuentran el Castello de Rododafni en Penteli y Villa Ilissia, su palacio de invierno.



Sophie de Marbois-Lebrun, duquesa de Placentia. (1785-1854). Artista desconocido, pintura al óleo, Museo Histórico Nacional



La Villa Ilissia comenzó a construirse en 1840 a las afueras de la ciudad, cerca del palacio real, próximo al río Ilisson - de donde viene su nombre-, que hoy está cubierto por la avenida Vasilissis Sofias. La zona  pronto se convirtió en una de las avenidas más bonitas de Atenas,  una señal de europeización de la nueva capital, donde edificios singulares de carácter público  y villas privadas de aristócratas y burgueses fueron levantados sobre proyectos de arquitectos de renombre.



En realidad se trata de un complejo de edificios en el que el principal consta de dos plantas y un sótano y posee galerías esteriores, si bien el conjunto se completa con dos alas laterales inferiores, destinado a usos auxiliares, y el edificio de la entrada.




Vista desde el edificio principal de Villa Ilissia hacia la entrada, una vez instalada la sede del Museo Bizantino y Cristiano

A la muerte de la Duquesa, la villa pasó al Estado griego convirtiéndose primero en Academia y luego, en 1926,  en sede del Museo Bizantino y Cristiano. El exterior del edificio se mantuvo casi como estaba previsto por el arquitecto Kleanthis, mientras que el interior se ha adaptado a las necesidades del nuevo uso, diseñadas por el arquitecto Aristotelis Zachos y de acuerdo con los conceptos museológicos del entonces director del Museo George Sotiriou. Las intervenciones más grandes se realizaron en la planta baja del edificio, donde se formaron tres cámaras imitando iglesias cristianas tempranas, bizantinas y posbizantinas. El patio fue formado por los arquitectos Kimonas Laskaris. 
Desde la década de 1930, cuando el Museo Bizantino y Cristiano abrió las puertas al público, comenzó una nueva era en la historia de Villa Ilissia, que a día de hoy ha sido completado con la realización de un espacio expositivo subterráneo, diseñado por Manos Perrakis, bajo las antiguas construcciones del palacete. 
La planta baja del Megaron se convierte en el punto central de recepción, reunión e información de los visitantes. 




Excavación y construcción  del espacio expositivo subterráneo




Salas del nuevo edificio

La exposición comprende más de 1500 años del arte bizantino y otras piezas de gran interés: cerámicas, objetos de plata, esculturas, iconos, mosaicos, bordados y frescos integran la colección, incluyendo fragmentos de iglesias pertenecientes a varios periodos de la arquitectura bizantina, hasta llegar a la época de la dominación de los francos, donde las esculturas tienen un papel preponderante.
Las pinturas murales de iglesias y el Epitafio bordado en oro de Salónica (siglo XIV) destacan entre los múltiples objetos de valor, antes de dar paso a las piezas pertenecientes a la Diáspora Griega, el masivo movimiento de emigración heleno hacia países extranjeros. Entre las más de 3.000 piezas que se muestran en el museo se pueden observar iconos religiosos, bordados, mosaicos, esculturas y pinturas provenientes del vasto Imperio Bizantino.
Además de la gran variedad de iconos religiosos del museo, también se puede contemplar la reconstrucción de una basílica cristiana del siglo V y la recreación de una iglesia Bizantina del siglo IX.



La colección permanente del museo es compleja y variada por lo que desisto de hacer una visita pormenorizada a cada obra, pero no a presentar algunas de llas por secciones:

1.-  la primera de ellas está dedicada al periodo transcurrido entre la antigüedad y el periodo Bizantino.


Las lucernas tardorromanas en cerámica ya presentan los nuevos signos religiosos.



Soporte de mesa con Orfeo.
Orpheus, el mítico tañedor de lira de Tracia, que amansaba con su música a las fieras era considerado por los antiguos cristianos como una alegoría de Cristo, quien con sus palabras amansa los corazones de incluso los más feroces de los hombres.



Los antiguos templos se abandonaron y reutilizando parte de aquellos se erigieron los nuevos, que ya poseen nuevos elementos con los emblemas de la nueva religión instaurada. El modelo es la basílica.



2.- en la segunda se trata con profundidad el mundo Bizantino hasta la conquista turca


Iconostasis de mampostería pintada de la iglesia de la Dormición de la Virgen, también conocida como Episkopi, en Evrytania. La iglesia se encontraba en la orilla occidental del río Megdova. 
Durante la década de 1960, la construcción de una presa hidroeléctrica en el río Acheloos y la creación del lago artificial de Kremasta,  condenaron a la iglesia y al área circundante a ser sumergidos. Antes de que el edificio fuera inundado, y mientras se trabajaba para catalogarlo, se descubrieron hasta dos niveles anteriores de pintura de los siglos IX y mediados del XI, bajo la pintura visible del siglo XIII.



En el centro de la imagen, San Nicolás



Pintura de Santa Catalina, de la Capilla de San Nicolás de Spilia Pendeli, Ática. Siglo XII



Cúpula de la Capilla de San Nicolás de Spilia Pendeli, Ática, en la que se representa el busto de un Cristo Pantocrátor  rodeado por la Virgen, que aparece flanqueada por los arcángeles Miguel y Gabriel y ocho profetas -David, Salomón, Isaías, Ezequiel, Habacuc, Jonás, Daniel y Elias-. Probablemente sea obra de un taller local y se data en el siglo XIII.


Piezas de iconostasis de las nuevas iglesias atenienses


Icono de San Miguel. Parece ser obra de un importante taller de  Constantinopla y se data en la primera mitad del siglo XIV. 



San Jorge



Icono con Cristo, la Virgen, las Doce Grandes Fiestas y Santos , procedente del Monasterio de los Taxiarcas en Cesarea. En el centro se representa a Cristo, sentado en un trono como Sumo Sacerdote,  y la Virgen, también aparece entronizada y sosteniendo al Niño Jesús, con ángeles que la coronan y profetas que predicen su papel en la divina Encarnación . 
Alrededor de los dos espacios centrales se abren dieciséis más pequeños que contienen las doce fiestas principales del año de la iglesia (Dodekaorton). 
En las secciones de la tercera, el "círculo" exterior está representado por la Santísima Trinidad con los apóstoles arriba, los santos (hombres y mujeres) y los arcángeles en pares o tres en cada lado y la Natividad y la Presentación de la Virgen en el Templo, el La hospitalidad de Abraham y la parábola de las Diez Vírgenes en la parte inferior. El autor, Constantine Smyrnaios, 
hecha mano de elementos tanto del arte islámico como europeo occidental, que eran populares en ese momento, de una manera ecléctica. Fue llevado a Grecia por refugiados de Asia Menor. 


Cota de malla y casco, espuelas y arreos de caballo de un caballero de los siglos X -XI.


3.- la tercera se trata el periodo desde la época Bizantina hasta los tiempos modernos.



El ascenso al cielo del profeta Elías en el carro,  procedente de Ano Korakiana, Corfú ; el autor es el cretense Theodore Poulakis.
La escena principal copia un grabado del impresor flamenco Jan Wierix. Posee elementos barrocos y renacentistas en la representación de los edificios,  textiles, gestos y actitudes.
Aparece dañado ya que fue cortado en nueve piezas para ser robado.



El segundo advenimiento. procedente de Constantinopla. fechado en el siglo XVII.
procede de una comunidad Romioi (ortodoxos bajo dominio otomano)



Mitra de Sinopi. Siglos XVII-XVIII

Aunque este sea un lugar especializado en la exposición de arte religioso, el Museo Bizantino y Cristiano posee algunas exposiciones de gran interés como la que trata sobre la época en la que el Partenón fue transformado en una iglesia cristiana.

¡Feliz semana!





http://www.byzantinemuseum.gr/el/museum/history/

martes, 5 de diciembre de 2017

Cariátides




Sustráete de la piedra! ¡Rompe
la cavidad que te aprisiona! ¡Irrumpe
en la campiña! Mófate de las cornisas –
mira: por la barba del ebrio Sileno
desde un eterno tumultuar
estremecido por extraña música
gotea vino en su sexo.

Escupe la sed de las columnas: seniles
manos muertas temblaron
hacia nublados cielos. Derriba
los templos ante el ansia de tus rodillas
que anhelan danza.

Extiéndete, florece, oh, sangra
tu suave arriate de grandes heridas:
mira, Venus con sus palomas se ciñe
de rosas la puerta del amor de las caderas –
mira exhalar este último azul del estío
vagar a la deriva en el mar de ásteres hacia las lejanas
riveras brunas de los árboles; mira
alborear esta postrer hora falaz de felicidad
sobre nuestra meridionalidad
alta como una bóveda.

Gottfried Benn. 1886



Elena, la que cautivó al príncipe troyano Paris, procedía de la ciudad lacónica de Caris, famosa por la belleza de sus mujeres. Situada en el Peloponeso, se había aliado a los persas contra las ciudades aliadas helenas en el conflicto de la II Guerra Médica, que tuvieron lugar en el siglo V a.C.
Cuenta Vitrubio que los griegos, vencedores, arrasaron Caris, pasaron a cuchillo a sus hombres y tomaron como botín de guerra a sus mujeres. Esclavizadas, distribuidas entre los vencedores, habían de aguantar, como tantas y tantas otras a lo largo de la historia de la Humanidad, una pesada carga permanente.
No obstante, Lessing, afirmaba que la asociación de las esculturas del Erecteion de la Acrópolis Ateniense con las mujeres de Caria se sostiene en una cuestión religiosa ligada al hecho de que en Caris tenía lugar un ritual en honor a Artemisa, en el que mujeres jóvenes danzaban en círculos frente a la estatua de la diosa con canastas sobre sus cabezas que contenían ofrendas en su honor.




Estos son los puntos de partida para que Alcamenes, uno de los mas afamados discípulos de Fidias, decidiera levantar como columnas del pórtico sur del templo ateniense, unas figuras femeninas conocidas como cariátides, que de modo metafórico soportaban la pesada cubierta de la construcción.













Esta tribuna es el ejemplo mejor conservado y mas famoso de columnas antropomorfas de la antigüedad griega que forma parte del proyecto de Pericles para convertir la ciudad de Atenas en un lugar de prestigio a través de la reconstrucción de su acrópolis -que había sido destruida durante la segunda guerra médica, de la que Grecia había salido victoriosa-.
El Erecteión estaba edificándose en un momento de confianza y orgullo griego, dentro del que se desarrolló el arte clásico, que combina a la perfección el interés por  la naturaleza humana, la armonía y la belleza haciendo posible que arquitectura, escultura y cuerpo humano se conviertan en un hecho único. Era un templo dedicado a los cultos más antiguos de la ciudad y estaba consagrado a los dioses Atenea, Poseidón y Hefesto, así como a los mas antiguos y míticos reyes atenienes Cécrope y Erecteo. Este espacio sagrado concentraba las leyendas sobre la fundación de la antigua ciudad, las de las disputas divinas, como de de Atenea y Poseidón, en las que la primera venció dando origen al nombre de la ciudad,  así como  algunas de las reliquias sagradas atenienses mas antiguas: las tumbas de los dioses fundadores, un pozo de agua salobre y el olivo sagrado de Atenea tras vencer al dios del mar. Se creía que la escultura de la diosa que allí se levantaba y que se conocía como Atenea Polis, había caído del cielo, siendo consagrada por Cécrope.

Su pórtico sur, conocido como la Tribuna de las Cariátides  se sostiene sobre seis columnas de 2, 3 m, concebidas como esculturas femeninas de pie y con túnica, que estaban policromadas. Había sido levantado a finales del siglo V  como un espacio, al que no podía accederse desde el  exterior, que se orientaba a la contemplación del Partenón y que ocultaba la escalera de acceso a la tumba del mítico rey serpiente Cécrope, fundador de Atenas. 
Estaba dedicado a Pandrosia, hija del legendario rey Erecteo, de quien proviene el nombre del templo, que era considerada como inventora del tejido y a la que rendían culto las arréforas, mujeres de la nobleza ateniense encargadas de tejer peplos. Las cariátides visten esta túnica tradicional de la antigua Grecia.
Sus cariátides conservan pequeñas variaciones en el rostro, el peinado y los atuendos, soportando, todas por igual, su peso sobre una pierna, doblando suavemente la otra; las tres del lado derecho se apoyan sobre su pie izquierdo, mientras las tres del lado opuesto lo hacen sobre el derecho. Esta posición, que relaja una de las piernas para estirar aquella que sostiene la estructura del cuerpo, es común en la escultura clásica, brinda fluidez al conjunto y evita la sensación de rigidez. Desde el punto de vista arquitectónico, sin embargo, las cariátides proyectan estabilidad, sus brazos se ubican junto al resto del cuerpo para brindar una mayor firmeza, igualmente, el intricado peinado refuerza el área del cuello, que de otra forma sería demasiado delgado para soportar el peso de la cubierta.
La tribuna  se encuentra desplazada del eje central del edificio, formando una saliente sobre la pared desnuda al extremo sur del templo, de tal manera que sus mujeres columnas dirigen su mirada hacia el Partenón.
Cuando a principios del siglo XIX, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y embajador británico en Constantinopla, hizo quitar una columna y una de las cariátides del pórtico sur del Erecteion de la acrópolis de Atenas, así como numerosas esculturas del Partenón, para venderlas al Museo Británico, no se entendía como expolio que alguien aprovechara el desamparo y la falta de estima por el patrimonio cultural de los griegos en aquellos momentos.
En la actualidad, las cariátides ubicadas en el Erecteión son réplicas, cinco de las originales son expuestas en el museo de la acrópolis en Atenas y una más, como acabamos de ver,  se encuentra en el Museo Británico en Londres.
Hace unos años, la artista Amalía Sotiropoulou presentó en la Galería Skoufá de Atenas la exposición fotográfica Missing Sister-Trilogy. Con esta muestra Sotiropoulou completaba una trilogía dedicada a las cariátides del Erecteion que comenzó en 2013 con la instalación de varias esculturas en el paisaje urbano ateniense. Un año más tarde, la fotógrafa viajó hasta el Museo Británico de Londres para plasmar en fotogramas a la cariátide secuestrada por Elgin a principios del siglo XIX, la Missing Sister, esa que los griegos y filohelenos desearíamos ver algún día completando el conjunto en el luminoso Museo de la Acrópolis.






¡Que tengan una feliz semana!




Nota: los aditamentos puestos en la actualidad en la tribuna, que supongo luminarias, son de una entidad tal que su presencia diurna es una tortura para quienes buscamos la mejor foto del conjunto de la tribuna.

martes, 28 de noviembre de 2017

Apolo, el oráculo y los juegos en Delfos





El oráculo no oculta ni revela la verdad, solo la insinúa" 

(Heráclito, siglo VI a.C.).

"Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses".

Inscripción del adyton del templo de Apolo






Cuando en 391 d C. el emperador Teodosio clausuró definitivamente el ya venido a menos, santuario de Delfos, el lugar milenario fue abandonado y esquilmado para acabar siendo ocultado bajo una nueva población- Kastri-, instalada allí entre iglesias y monasterios que reutilizaron muros, sillares y todo tipo de materiales.
Grandes columnas, esculturas de bronce y piedra fueron reutilizadas, robadas e incluso llevadas a Constatinopla.
Deconstruir el proceso y devolver el esplendor a Delfos reconstruyendo pieza a pieza de alguno de sus edificios -como el tesoro de los Atenienses- fue una ardua labor realizada después de trasladar a la población de Kastri a su actual emplazamiento bajo el nombre de Delfos.
Visité este magnífico lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad, una tarde del mes de octubre, con el mar Egeo a los pies, el monte Parnaso a las espaldas y el auriga esperándome en el Museo. La emoción se agolpaba a cada paso sobre la Vía Sacra. Había llegado al lugar donde los griegos situaron el ombligo del mundo con un betilo, el ómphalos, y donde la Sibila, la legendaria primera pitia, puso las bases de un culto  que aunaba la insinuación de la verdad y el conocimiento de una mismo con las creencias ancestrales sobre cavernas, dragones/serpientes, fuerzas naturales, dominio político y religión.

Sostiene la mitología griega que Zeus soltó dos águilas desde los extremos del universo para que, allí donde cruzaran su vuelo, mostraran el centro del mundo y fueron a cruzarse en Delfos, un lugar sorprendente.
No podemos obviar que acceder al lugar es tarea algo complicada, pero no hay duda de que es bellísimo por su situación, encaramada a una ladera abrupta, el paisaje que la circunda, lleno de olivos,  y su visión del mar.

Delfos fue un centro de culto durante mas de mil años,  un lugar de consulta a los dioses y de celebración de eventos panhelénicos, los conocidos como  Juegos Píticos.

Las fuentes clásicas -Esquilo, Cicerón, Plinio, Estrabón, Diodoro, Platón, Pausanias y Plutarco, quien, además, fue sacerdote del templo en el siglo II- sostenían que el oráculo se consultaba a las pitias al entrar estas en trance sentadas en un trípode de madera de laurel que se hallaba sobre la fisura de la roca, de la que emanaban gases.
Los primeros estudios realizados en el lugar del templo de Apolo descartaron tal suposición advirtiendo que no se trataba de una zona de actividad volcánica ni se habían hallado evidencias de la existencia de tales grietas, sin embargo, a partir de los años 90 del siglo XX, el trabajo encomendado al geólogo Jelle Zeilinga de Boer, completado con otros posteriores en colaboración con el arqueólogo Jhon Hale, puso de manifiesto la existencia de dos fallas que cruzaban justo debajo del templo. Otros investigadores con los que comenzaron a colaborar hallaron etano y metano, elementos que en concentraciones elevadas pueden embriagar al inhalarse y los análisis de las aguas de los manantiales de la zona arrojaban la presencia de etileno, un gas usado en las anestesias, que ejerce ciertos efectos sobre la consciencia y la entrada en trance -euforia, sensación de flotar en el aire, obnubilación y placidez, y que a mayor dosis, más efectos-,  poniendo de manifiesto que aquellas primeras noticias de los autores clásicos, tenían un fundamento geológico.
De todos aquellos manantiales destacaba la fuente Castalia, rodeada de un bosquecillo de laureles consagrados a Apolo. La leyenda y la mitología cuentan que en el monte Parnaso y cerca de esta fuente se reunían algunas divinidades, diosas menores del canto, la poesía, llamadas musas junto con las ninfas de las fuentes, llamadas náyades. En estas reuniones Apolo tocaba la lira y las divinidades cantaban.
Dentro de este emplazamiento se encontraban distintos monumentos, pero todo giraba en torno al templo de Apolo, el lugar que albergaba el oráculo donde la pitia hablaba en nombre de Apolo para responder las preguntas de los visitantes.
El oráculo de Delfos alcanzó gran notoriedad en toda Grecia desde mediados del s. VIII a.C., cuando Apolo Pítico se convirtió en el patrón de las empresas coloniales. Más adelante llegó a ser el centro religioso del mundo helénico.

Aunque existen diferentes propuestas acerca del origen del topónimo de Delfos, una de ellas sostiene se trata del nombre de un dragón mitológico que custodiaba el oráculo antes de la llegada de Apolo, mientras que otra sostiene que el propio Apolo se convirtió en delfín para atraer a un barco cretense cuyos navegantes desembarcaron y fundaron Crisa y se les encargó ser sacerdotes del templo y que adorasen al dios bajo el nombre de "Apolo Delfinio, no existe un consenso interpretativo. Otro tanto ocurre con Pitia, que se hace derivar de pitón, la serpiente que vigilaba el oráculo antes de la llegada al lugar del dios Apolo y a la que este mata.

Apolo era uno de los mas antiguos, influyentes y venerados dioses olímpicos. Ya Homero lo cita en la Iliada. Hijo de Zeus y Leto, y hermano mellizo de Artemisa, poseía muchos atributos y funciones:   la luz de la verdad, dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, el iniciador de los jóvenes en el mundo de los adultos, estaba conectado a la naturaleza, a las hierbas y a los rebaños, y era protector de los pastores, marineros y arqueros, dios de la muerte súbita, de las plagas y enfermedades, pero también de la curación y de la protección contra las fuerzas malignas, presidía las leyes de la religión y las constituciones de las ciudades, símbolo de inspiración profética y artística,  líder de las musas y director de su coro, dios patrón de la música y la poesía. Su lira se convirtió en un atributo común de Apolo. Los himnos cantados en su honor recibían el nombre de peanes -Peán era su nieto, hijo de Asclepio-. Fue representado  como un hombre joven, desnudo y sin barba, con un manto, un arco y un carcaj de flechas, o una lira, creada para él por Hermes, y con algunos de sus animales simbólicos como la serpiente, el cuervo o el grifo.​
En la época helenística, especialmente durante el siglo III a. C., pasó como Apollo Helios a ser identificado por los griegos con Helios, dios del sol, y de forma parecida su hermana se equiparó con Selene, diosa de la luna.
En cuanto al oráculo, aparte de los ejemplos míticos o legendarios, de las más de quinientas preguntas y respuestas délficas conservadas, sólo se consideran históricas unas cincuenta y cinco, y la mayoría responden a cuestiones políticas, bélicas o religiosas por las que se interesaron las ciudades.


Delfos. 
Muro poligonal del ágora romana, junto a la Vía Sacra




Orestes en Delfos, con la  Pitia y el  trípode. Crátera de figuras rojas

La función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino proveer de sanción divina a las decisiones políticas de las ciudades pues de ese modo aconsejaba o censuraba el inicio de conflictos bélicos, ratificaba leyes o aprobaba la fundación de nuevas ciudades y de colonias, de modo que , dada la trascendencia del mismo en cuestiones tan importantes podía llegar a ser utilizado, si se daba el caso, como arma política.




Oráculo de Delfos. 
Crátera de figuras rojas. Museo de Berlín

El templo de Apolo en Delfos, como afirmábamos hace un momento, debió existir ya en el siglo VIII a.C., dando su culto lugar al establecimiento de una serie de caminos, una auténtica red de peregrinaje que unía toda Grecia con ese lugar. 
La importancia del culto era tal, que las polis griegas enviaban delegaciones sagradas para consultar al oráculo preguntas sobre los asuntos públicos, que, a veces, eran acompañados por ciudadanos para realizar consultas de carácter privado, lo que les permitía disfrutar de cierta seguridad, pues los viajes eran peligrosos y las delegaciones gozaban de la protección de Apolo y eran inviolables. 
Estas visitas se hacían coincidir con el aniversario del nacimiento del dios  en mitad del invierno, el séptimo día del mes de bysios, pero mas tarde se ampliaron al día siete de cada mes.
No obstante, las ciudades mandaban delegaciones regularmente e incluso podían coincidir con la celebración de otras festividades.
Cada polis tenía en Delfos un embajador -próxenos- que recibía a las delegaciones y los ciudadanos y los conducía hasta el oráculo, donde existía un riguroso control de acceso al que escapaban Atenas y Esparta, que disfrutaban de prioridad.


El tholos de Athenea al fondo, en la parte baja de la ladera. Vista desde el Santuario de Apolo


El acceso se realizaba desde la parte baja de la ciudad, conocida como Marmaria, donde se encontrana el tholos o templo circular de Atenea Pronaia, desde el que se accedía a la fuente Castalia, donde se purificaban con sus aguas. 


Agora romana, junto a la Vía Sacra. Fué transformada para instalar iglesias tras el edicto de Teodosio en 391 d.C.




La Vía Sacra

Una vez realizado el rito, se entraba al Santuario discurriendo por la vía Sacra que estaba flanqueada por construcciones, pequeños templos o capillitas conocidas como los tesoros de las más prominentes ciudades: Sición, Sifnos, Cnido, Tebas, Atenas, Corinto, Massalia, que custodiaban los exvotos y donaciones que llegaban de estas polis.


Restos de los tesoros de las polis


Vista lateral de la Vía Sacra con el betilo/ ómphalos en primer término y el lateral del tesoro de los atenienses completamente reconstruido mediante anastilosis.


Inscripciones de los vencedores en los muros del Tesoro de los Atenienses



Poemas y cantos en los muros del Tesoro de los Atenienses



Frente del Tesoro de los Atenienses



Reconstrucción de la imagen  del templete del Tesoro de los Atenienses


Reproducción de la columna espiraliforme de bronce. El original fué trasladado en época tardorromana hasta Constantinopla

Tras una pendiente pronunciada, se llegaba al templo de Apolo, frente al que se hallaba el altar para los sacrificios. Las consultas al oráculo exigía la realización de un sacrificio y la entrega de un alimento en forma de pastel. Los animales y las tartas se compraban en el propio santuario por un precio asequible. Los ciudadanos de estatus mas alto ofrecían, además, exvotos, esculturas y trípodes.
En el interior del templo, cuya organización es bastante desconocida, se encontraba la sacerdotisa pitia, por cuya boca hablaba Apolo, y los sacerdotes que la atendían, se encargaban de los sacrificios y los que  cuidaban del culto.



Restos de las columnas sobre el podio del Santuario de Apolo en Delfos


Panel con la reconstrucción del templo

Los peregrinos hacían cola para la consulta entrando a través del chresmographeion,  el archivo del santuario, donde se guardaban las listas de los consultantes, sus preguntas y respuestas, así como la lista de vencedores en los juegos píticos, que se celebraban cada 4 años.
Es mas que probable que allí mismo se formularan las preguntas. 
Según relatos tardíos, la pitia se retiraba al adytón, un lugar recóndito, adornada con una corona y un bastón de laurel, para entrar en éxtasis y comunicarse con la divinidad. Sus palabras eran escuchadas y escritas por los sacerdotes, quienes las entregaban a los consultantes.
No obstante esta cuestión, que parece mas fruto de interpretaciones posteriores, se contradice con las noticias de los historiadores, quienes relatan la relación directa del consultante con la pitia.
El historiador Heródoto, que vivió en el siglo V a.C., relata la entrada del dirigente espartano Licurgo en el recinto de la sacerdotisa y afirma que ella le habla directamente, sin esperar siquiera a su pregunta y, de hecho, le dicta la constitución espartana. 
También Jenofonte parece tener una relación directa con la pitia cuando, a finales del siglo V a.C., le pregunta a qué dioses debe encomendarse para tener éxito en el viaje que luego narrará en su Anábasis, el épico itinerario de un ejército de mercenarios griegos a través del Imperio persa.
Plutarco, que además de historiador y biógrafo fue sacerdote de Apolo en Delfos, vivió a caballo de los siglos I y II d.C., explica que el ádyton estaba abierto a los consultantes y no era una habitación secreta.
Finalizada la consulta, el peregrino regresaba al chresmographeion, donde los prophetai le entregaban por escrito un informe oficial y la respuesta del oráculo interpretada  a menudo en verso. 
El esplendor de Delfos tuvo lugar entre los siglos  VI y IV a.c., periodo en el que se llevó a cabo la construcción de numerosos edificios y elementos de adoración a Apolo dentro de lo que se conoce como el Santuario de Apolo. 
El viaje de regreso a casa era tan peligroso como el itinerario de ida. Los numerosos problemas y obstáculos a los que se enfrentaron los peregrinos entre el estallido de la guerra del Peloponeso (431 a.C.) y el advenimiento de Alejandro Magno contribuyó a la pérdida de importancia del oráculo y al desuso de las rutas de peregrinaje.
El prestigio de Delfos comenzó su declive tras la muerte de Alejandro, en 323 a.C., aunque continuó siendo un centro de atracción durante la época helenística y el período romano hasta que en  391 d.C., el emperador romano Teodosio decretó el cierre de todos los oráculos y la prohibición de la adivinación de cualquier tipo silenciando la voz de los antiguos dioses.


El santuario, en el que se celebraban cada 4 años los Juegos Píticos en honor a Apolo, una competición panhelénica de deporte y poesía, contaba para ello con un teatro, con capacidad para 5000 espectadores, una palestra, gimnasio y estadio, uno de los mejor conservados del mundo griego.

En los primeros tiempos se celebraban cada 8 años y consistían únicamente en un concurso musical, donde cada candidato cantaba un himno en honor de Apolo, pero desde 582 a. C., fecha marca el comienzo oficial de la era de los Juegos Píticos,  se celebraron cada 4 años. Al principio se celebraban entre agosto y septiembre del tercer año de cada Olimpíada, pero desde el siglo IV a. C. pasaron a octubre. 


Estadio de Delfos, en la parte mas alta de la ladera. Fué objeto de una remodelación, incluyendo las gradas de piedra, en época romana. 
La marca de salida de los atletas es perfectamente identificable


Antes del inicio de los juegos los heraldos o theoros recorrían toda Grecia proclamando la tregua sagrada, que permitía que los griegos asistieran a los juegos con total inmunidad, imponiéndose severas multas a quienes no lo cumplieran y excluyendo de la participación en los juegos a quienes no suscribían la misma.
Los juegos se iniciaban con sacrificios, procesiones de los teoros, sacerdotes y participantes al altar de Apolo para ofrecerle una hecatombe o banquete y una representación de la lucha de Apolo contra el dragón/serpiente.
Continuaban con los concursos  en el teatro: poemas acompañados con cítara ​ un solo de flauta y de cítara, concursos de poesía, representaciones trágicas y espectáculos de danza.  Años después se incluyeron otras modalidades de canto, actores de tragedia y comedia e incluso concursos de pintura para acabar, en época romana, introduciendo el encomio, la pantomima y pruebas para trompeteros y heraldos.


Tribuna en el centro del Estadio de Delfos

Seguían las competiciones en el estadio: ​carrera larga, carrera doble pancracio, lucha, pugilato,​carrera con armas, pentatlón - carrera, salto de longitud, lucha, lanzamiento de disco y de jabalina-.
Una vez finalizadas, comenzaban las carreras de caballos, de carro de cuadrigas y bigas. 



Uno de sus vencedores de cuádrigas se vería plasmado en el Auriga de Delfos, datado hacia el año 474 a. C que formaba parte de un grupo escultórico mayor del que conocemos pequeños fragmentos que se identifican como partes de cuatro o seis caballos y un esclavo, de pequeña estatura, que iría situado entre ellos.










Tiene una altura de 1,80 metros, y está realizado en bronce, con los ojos de pasta vitrea y sus labios aparecen recubiertos por pequeñas laminillas de plata, que marcan su expresividad, y a base de varias piezas separadas y soldadas con posterioridad, circunstancia que era frecuente en grupos escultóricos que estaban formados por varios personajes. Se atribuye, a Pitágoras de Regio, y se conforma dentro de lo que se conoce como Estilo Severo, que fue un periodo previo al Clasicismo griego. De los restos que aún conserva la diadema se deduce que se hallaba policromada.
Según una inscripción, fue dedicado por Polizalo, tirano de Gela. Se discute si Polizalo fue el vencedor o si fue una dedicatoria en honor de su hermano Hierón.

Con el tiempo se introdujeron nuevas categorías como los «imberbes» (ageneioi), cuya edad se situaba entre la categoría juvenil y la adulta y se conoce la victoria de algunas mujeres.

Los vencedores recibían una corona de laurel, el árbol de Apolo y, al igual que en Olimpia, existían listados compilatorios de todos los vencedores de los Juegos Píticos. Cuando un terremoto destruyó los archivos en 373 a. C., se le encargó a Aristóteles rehacer las listas. 

Al márgen de las competiciones tenían lugar representaciones en el teatro.

Delfos se muestra como un lugar magnífico y muy especial para comprender la historia griega y, por ende, la de todo el mundo. Visitar el yacimiento tiene un complemento necesario en el museo, situado allí mismo, donde se exponen piezas magníficas entre las que destaco, por su enorme interés los himnos musicalizados en honor a Apolo, El auriga de Delfos, la esfinge de la ciudad de Naxos, los gemelos, los tesoros en oro, etc.
Contemplarlos en su conjunto y de forma pormenorizada es un auténtico placer emocional e intelectual.



Himno a Apolo

Varias piezas encontradas en 1893 inscritas en fragmentos de piedra que procedían de la cara externa del muro sur del tesoro de los Atenienses. Fueron reconocidas por el arqueólogo francés Théophile Homolle, reconstruidas por el filólogo Henri Weil y transcritas a notación musical moderna por el arqueólogo Théodore Reinach.
La reconstrucción de los fragmentos estuvo facilitada por el hecho de que el primer himno utiliza notación vocal, y el segundo emplea notación instrumental.
El encabezamiento del primer himno recoge el nombre de Atheneo, hijo de Atenaio, que trabajó en la década a partir del año 138 a. C.
El segundo himno ha sido datado con precisión en el año 128 a. C. en el que fue representado. El nombre del compositor también se ha preservado en el encabezado “Limenius, hijo de Thoinos, un ateniense.”
Los símbolos musicales han sido interpretados por los expertos gracias a un tratado de Alipio, un musicógrafo alejandrino de la Antigüedad Tardía (mediados del siglo IV), que nos legó tablas de signos musicales en dos notaciones, vocal e instrumental.8​ Los versos están relacionados con varios acontecimientos de la vida de Apolo, como su nacimiento, su arribo a Delfos, su apoyo en la guerra contra los gálatas, etc.
Fueron compuestos para la Pitaida, una procesión religiosa especial de los atenienses hacia Delfos.






Los gemelos de Delfos. Kurós arcaios





Tesoro aúreo hallado junto a la Vía Sacra en Delfos



Escultura de un toro. Museo de Delfos


Esfinge de Naxos



Frontón del antiguo templo de Delfos. Siglo VI a C.


Detalle de Apolo, en el centro del frontón del templo arcaico, en gran tamaño, sujetando la lira


Mas detalles del frontón arcaico











Fragmentos de esculturas del templo clásico de Delfos





Esculturas en piedra procedentes de las excavaciones de Delfos


Antiguo Ómphalos


Antinoo, favorito de Adriano. 


¡Feliz semana!






Bibliografía

Théodore Reinach, 1893: “La Musique des hymnes de Delphes.” Bulletin de Correspondance Hellénique 17:584–610.


J. Z. De Boer & J. R. Hale,en 2001: The geological origins of the oracle at Delphi, Greece


Enlaces:

http://www.kerylos.fr/