lunes, 12 de enero de 2015

Modelos defensivos del siglo X en la zona soriana. Las atalayas.








Atalaya Melero. La Riba de Escalote


Turres omnes vigilarum barbarico more...atque municipia in valle Hordecorex ob tuitionem arantium boum per agros passim constructa 

(Crónica Silense)


Fechas por guardas de los ganados et de los labradores

(Primera Crónica General)

Una vez el contingente árabe traspasa Gibraltar en 711 se produce un rapidísimo despliegue que en menos de 5 años les permitió avanzar hasta el extremo noroccidental llegando a Galicia y al sur de Francia. Un avance tan eficaz debía proseguir con una política de consolidación de las posiciones basada en los acuerdos, los tributos y la fijación de población, incluidos los bereberes, así como la amalgama de los nuevos pobladores con el sustrato hispanovisigodo. 
Ya desde el siglo VIII Al Andalus había establecido tres Marcas o líneas de control que se desarrollaban en dirección suroeste-noreste, a lo largo de la antigua vía de Emérita Augusta a Caesar Augusta. La central, cuya primera sede fue Toledo, pasó en el siglo X a Medinat Al Salim, Medinaceli, un enclave de gran valor estratégico. 
Muchos territorios fueron islamizados, una situación que se mantuvo unos dos siglos, claramente en el sur, mientras  en la meseta norte, esto ocurría fundamentalmente en la zona oriental del sur del Duero.
El bando cristiano, asentado en el reino de Léon, comienza su expansión en esta zona  a través de los condes castellanos en el siglo IX y a lo largo del X, siendo Gonzalo Fernándadez, Nuño Núñez y Gonzalo Téllez los impulsores de la toma de Roa, Clunia, Haza, San Esteban de Gormaz y Osma, en la conocida como Extremadura castellana, denominada así por ser tierra de límite, frontera y extremos.
En este contexto, se estaba produciendo el fortalecimiento de la Marca Media y la consiguiente organización territorial de las comarcas próximas, situadas entre los valles del Duero y el del Jalón. Nombres de pueblos y pagos, importantes castillos y torres y otras muchas manifestaciones culturales, son el reflejo de esta situación, constituyendo el eje de Medinaceli-Berlanga, una vía de comunicación fundamental entre la capital y las fortificaciones durienses como Gormaz, donde se acantonaba el gran contingente del ejército califal.




Fortaleza califal de Gormaz

Contínuas algaradas se producían en este territorio, pasando de unas manos a otras la tenencia de las principales plazas. 
El  Califato, que controla la importantísima vía de comunicación que une Zaragoza y Mérida, decide, ante el avance cristiano, organizar un sistema defensivo que permita estabilizar su poder y que llega a resultar eficaz hasta que Fernando I toma definitivamente la plaza de Gormaz en 1060, y que queda obsoleta por completo, al ser desplazada la zona de frontera al Tajo con la toma de Toledo en 1085 por Alfonso VI.
Este imponente sistema con base en Medinaceli se desarrolla en dos ramales. Uno que parte hacia el noreste, hacia el valle del Ebro por Agreda y otro hacia el Duero, recorriendo parcialmente la vía de las antiguas ciudades romanas de Occilis y Uxama, a través de Berlanga.
Mantener y consolidar este vasto territorio fue posible a través de la instalación de un entramado de fortificaciones comunicadas e interelacionadas entre si, constituyendo una auténtica red a través de la que se ejercía el control y la defensa del territorio.
A las grandes fortalezas de Medinaceli, Berlanga, Almazán, Osma, San Esteban y Gormaz, sedes de las grandes guarniciones, se les unía un sistema de torres cuadradas con pequeños recintos, qubba, posiblemente puntos de parada y posta que también tenían capacidad para albergar la población, como las de Mezquetillas, Barahona, Alcubilla de las Peñas y Bordecorex.



Paramento de la torre islámica de tipo qubba de Mezquetillas, hoy conformando la cabecera de la iglesia parroquial.

Entre aquellas torres, jalonaban el territorio multitud de atalayas levantadas sobre relieves destacados, comunicadas visualmente, destinadas al control directo de los territorios inmediatos.
El reciente catálogo y reconocimiento de aquellas que se hallan repartidas en la línea Medinaceli-Berlanga-Osma , a lo largo de los valles del Bordecorex, Torete y Escalote, así como aquellas que situadas en dirección a Atienza y hacia Langa, realizado por iniciativa de las Asociaciones ADEMA y Tierras sorianas del Cid , ha supuesto que algunas de ellas, hayan sido declaradas, más allá de la genérica de Castillos de España, como Bienes de Interés Cultural, en la categoría de Monumentos; son las atalayas este y sur del Burgo y las atalayas de Uxama y del Enebral de Osma, en el Burgo de Osma y la atalaya de Taina de la Hoz en Bayubas de Abajo las atalayas de la Ojaraca y de la Veruela en Caltojar, la de Caracena, la de Torrejalba en Almarail, Cubo de la Solana y la de Navapalos en Vilde, en Burgo de Osma-Ciudad de Osma, atalayas de Quintanilla, en Quintanilla Tres Barrios, San Esteban de Gormaz; la del Tiñón, en Rello, Caltojar y La Riba de Escalote; la de Hojaraca o Torre Melero en la Riba de Escalote; la de Mosarejos en Mosarejos y la de Nograles en Nograles, Recuerda y la de Torre del Agua en Rello, en la provincia de Soria.




Atalaya de Uxama, Burgo de Osma, cimentada sobre una casa romana. Situada frente al emplazamiento del Castillo de Osma.

Su homogeneidad tipológica, constructiva, geográfica y cronológica hace que cada una de las atalayas se comprenda e interprete en virtud de su pertenencia al conjunto, constituyendo este sistema una fuente de conocimiento de las condiciones de población y desarrollo de la época histórica en que fueron erigidas y utilizadas.



Atalaya del Tiñón. Rello

La frontera en el siglo X era un territorio fluctuante entre el califato y los reinos cristianos por lo que el sistema defensivo sureño debía responder tanto la vigilancia de los movimientos del enemigo y la inmediata y rápida comunicación para las alertas -mediante el uso de un código de señales con fuegos y humo de día o luminarias nocturnas-, como el abastecimiento de una pequeña guarnición que controlaba las vías de comunicación.



Atalaya pintada en el muro norte de la ermita de san Miguel, en Gormaz. Románico, mitad del s. XII. Muestra a los pobladores protegidos en su interior.


Comparecen estas construcciones en variada disposición tanto en alturas notablemente destacadas como en cañones y fondos de los valles que era necesario cubrir, siempre con un marcado carácter estratégico, si bien la mayoría se hallan construidas sobre las líneas del páramo y los cerros, lo que permite un excelente control visual y la tan necesaria comunicación intervisual que mencionamos unas líneas mas arriba. Las que se situaron a menores cotas casi siempre responden a criterios  de control de entradas de valles y abruptos relieves y en cualquiera de los casos se hallan en terrenos bastante inhóspitos en los que es innegable la vocación castrense con ocasionales usos para el refugio, dado lo exiguo del espacio interior.  



Dos vistas de atalayas de la Veruela y la Ojaraca en Caltojar.

Responden a un modelo constructivo sencillo: fábricas de sillarejo trabado con mortero de cal y enfoscadas, plantas circulares, cuerpos cilíndricos, que en algún caso puntual son troncocónicos, como ocurre con la Torre del Tiñón de Rello, basamentos para una mejor estabilización en algunos casos, paramentos de espesores en torno al metro y medio que disminuyen conforme ganan altura, llegando a sobrepasar esta los 12 m, lo que hace de ellas  construcciones muy esbeltas. Al interior se compartimentan en varios pisos, normalmente tres, fabricados con tablones de madera, siendo, supuestamente, el último de ellos una terraza, tal y como se observa en el caso de la Torre Melero, en la Riba de Escalote, donde aún es posible reconocer los merlones y almenas.



Copia del texto y dibujo de la señal divulgativa de la atalaya de la Veruela, en Caltójar. Dibujo original de Areco para ADEMA-Tierras sorianas del Cid

La puerta de acceso a la atalaya, un sencillo cierre de madera, se colocaba en la zona correspondiente  a  la segunda planta, a unos 3 o 4 m del suelo, lo que hacía necesario utilizar una escala de madera o cuerdas que se recogía desde el interior dejando la torre aislada.



Atalaya de Lodares de Osma

En algunas ocasiones se complementaba la torre atalaya con un pequeño recinto, alguna cisterna o aljibe al exterior o un bastión suplementario.
En definitiva, son modestas construcciones, que aún se conservan en un aceptable estado y están cargadas de significado histórico, permaneciendo casi íntegramente el sistema. 
Aún careciendo de la grandiosidad de las fortificaciones mas señeras poseen un valor de conjunto fundamental para la comprensión de la vida en la frontera del Duero en el siglo X.





Propuesta de distribución y uso de una atalaya. www.balawat.com


Las atalayas sorianas pueden visitarse y algunas de ellas cuentan con una señalización divulgativa. Es altamente recomendable hacerse además con la guía turística del sur de Soria, Atalayas y fortalezas en la frontera del Duero.


Que tengan una feliz semana!


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