martes, 29 de abril de 2014

La piedra de San Albino en Urueña.

Fot.: Museo de Valladolid

Es curioso entender como acaban ocurriendo las cosas,más aún si se producen hace tiempo. Hoy contamos como una reliquia de San Albino pudo acabar en un monasterio palentino. De los trece santos con el nombre de Albino (Aubin, Alban...), el obispo de Angers, es uno de los más populares de la Edad Media. Tal vez hablen las piedras de este y si no será de otro santo de igual nombre; lo que en definitiva es importante a medias, pues lo que realmente supone es una excusa para contarles como acabamos preguntándonos que es lo que nos traemos entre manos desde tiempos remotos. 
La piedra de San Albino, mas tarde tres piezas de una misma placa, forma hoy en día parte de los fondos del Museo de Valladolid.

Fot. Alicia Gómez

En el mes de diciembre de 1992 el agricultor Francisco Dominguez puso al descubierto, con su arado,  un conjunto de restos constructivos en el pago de los Pedregales de Urueña. Tejas, bloques pétreos de caliza, silos y una placa inscrita fueron las primeras evidencias arqueológicas del lugar. Aunque ya se conocía desde que fuera publicado en 1974 por Palol y Watenberg como lugar de enterramiento, fueron Joaquín Díaz, director del Centro Etnográfico ubicado en Urueña, y el alcalde de la localidad, Luciano Vallecillo, quienes informaron del descubrimiento.
Inmediatamente nos trasladamos hasta allí para hacer una primera valoración de las estructuras y comprobamos que el fragmento inscrito exhibía unos rasgos estilísticos que podían llevarse al siglo XII.
Así, se confirmó la oportunidad y necesidad de plantear una actuación arqueológica de excavación centrada en el silo descubierto, la construcción afectada, tal vez un templo,  la prospección del entorno, con el fin de determinar la extensión del mismo y su estudio pormenorizado.
La campaña de excavación, dirigida por la arqueóloga Alicia Gómez, comenzó en el mes de febrero de 1993. A los objetivos de investigación se unían necesariamente los de conservación y protección de este lugar.



Plano IGN

A unos 700 de la localidad de Urueña, en dirección sureste, junto al camino conocido como Senda de las Vacas, se encuentra el lugar conocido como Los Pedregales, al lado de Valdihuesos. 
Una antigua cerca de piedra caliza que los pobladores de Urueña conocen como la Trinchera, delimita un amplio espacio que cierra el páramo.

Propuesta para la trinchera de Urueña sobre fotograma aéreo, realizada en 1993 por Alicia Gómez.


Ortofotografía del IGN con un trazado visible de la trinchera aún mas extenso.



Los primeros restos arqueológicos observados sobre la superficie tras la arada, son bloques calizos de mas de 1 metro de longitud que se alinean sobre el surco removido. Es ahí precisamente el lugar en el que apareció la inscripción recuperada que pone en marcha esta intervención.
La excavación planteada con carácter de urgencia se inicia con una serie de sondeos arqueológicos que intentan caracterizar las estructuras existentes desde un punto de vista cronológico, tipológico y cultural.
La actuación arqueológica permitió identificar y estudiar silos de almacenamiento de grano excavados en la roca caliza y la greda del páramo cuya datación resulta compleja y que mas que probablemente se utilizaron a lo largo de varios siglos. El cierre de las bocas de estos grandes contenedores se realizaba en mampostería en seco hasta que la abertura iba reduciéndose de tamaño y se cubría con una tapa de madera. 

          

                      

En el área en la que las labores agrícolas habían hecho aflorar las grandes piedras y los fragmentos de tejas, comenzaron a aparecer muros y tumbas que no hicieron sino reafirmar la idea que ya expusieron palo y Wattenberg de que allí había existido una necrópolis.

Fot. Alicia Gómez

Las tumbas, de inhumación, son medievales, del tipo sencillo excavado sobre la roca y tapado con lajas de caliza, cuya cronología se retrotrae a la Alta  Edad Media.


Fot. Alicia Gómez

En la zona donde se manifestaban en superficie los grandes bloques calizos comenzaron a reconocerse los restos arquitectónicos de un templo y sus dependencias anejas.
Se trata de la única evidencia de la existencia de un antiguo monasterio al que se asocian la necrópolis, los silos de almacenamiento y la extensa cerca de piedra que hemos ido presentando.




El edificio es una iglesia de una sola nave rectangular y cabecera trapezoidal levantada en mampostería caliza, donde una amalgama de estructuras superpuestas pronto nos pone sobre la pista de una amplia y cambiante ocupación durante un amplio periodo cronológico.

Antes del XI se edificaría la iglesia primitiva de planta rectangular y cabecera cuadrada que conserva, en el centro de su aula, una pila bautismal. La anchura interna es variable, en torno a los  5 m y su longitud  se prolongaría hasta los 17,65.
Un banco corrido fabricado con argamasa de caliza y arcilla muy compacto se adosó a las paredes longitudinales de la nave. Bajo este banco se localizaron dos tumbas con cubiertas de lajas calizas, lo que viene a mostrar este elemento como un añadido al recinto cuando este ya estaba siendo utilizado.
La puerta de acceso se hallaba en el muro sur, hacia el sureste, abriendo un vano de 1,86 m. y un escalón de subida desde el exterior.
La orientación del eje de la iglesia es so-ne.
La cabecera es de planta trapezoidal, de 3,86x5,58x5,51x3,72 con un arco de acceso a la nave de 1,72 m resuelto mediante dos escalones. En su interior un basamento de altar se asentaba sobre la caliza del páramo
Los cimientos que permiten la identificación de esta primitiva iglesia son de mampostería caliza  trabada con arcilla roja y una anchura de muros de unos 80 cm.
La pila bautismal se fabricó sobre un bloque monolítico de caliza toscamente tallado en forma de tronco de cono. Su ubicación se dispuso en el centro de la nave, a unos 5 m del presbiterio y su simple constatación convierte este lugar en parroquia.


Fot. Alicia Gómez


Fot. Alicia Gómez


Plantas tan sencillas se han documentado también en otros lugares de la diócesis palentina, a la que perteneció Urueña, en contextos del siglo X, como ocurre con la iglesia del despoblado de Villela en Antigüedad,  e incluso anteriores, como se propone para el Castellar de Villajimena, cuyos investigadores relacionan con una capilla visigoda, o en Burgos, en el monasterio de San Juan de Hoz en Cillaperlata, la iglesia de Santa María de los Reyes Godos, San Pedro el Viejo de Arlanza, etc.

Relacionada con este primer templo estaría la inscripción reconocida, a la que se añaden nuevos fragmentos, uno de ellos sobre el escalón de entrada al templo. El templo se rodeaba al exterior de dependencias de las que quedan muros y pavimentos y que hay que poner en relación con un monasterio, pues, como luego veremos, se menciona al abad.


Fot. Alicia Gómez

Los paralelos mas inmediatos nos remiten a modelos prerrománicos encuadrados alrededor del siglo X y XI, una cuestión que puede ponerse en relación con las tumbas exhumadas, cuya localización se centra en los laterales suroeste y sureste del edificio.
La ocupación medieval que se prolonga al menos hasta mediados del XII, se apoya en la lectura de la placa de arenisca descubierta en la que aparece la fecha de 1158, así como un óvolo de vellón de Alfonso X y restos cerámicos de tipo Duque de la Victoria
Mas tarde, entre el XIII y el XV, la iglesia se reconvirtió reduciendo sus dimensiones y levantando nuevos muros que acortaran el espacio en la ermita de Santiago, de la que tenemos noticias hasta el siglo XVIII. Este nuevo templo siguió conservando la pila bautismal y manteniendo una tradición funeraria, ahora solo con individuos infantiles.

La inscripción.

Fot.: Museo de Valladolid

Los tres fragmentos pétreos grabados corresponden a una placa de arenisca -importada- conservada de unos 35x 25 cm y un espesor de 5 cm. Su carácter fragmentario nos priva de la información completa de la pieza.
De la factura de la pieza, mínimamente desbastada en el reverso y regularmente trabajada en el anverso, podemos especificar que el trazo se realizó sobre unas líneas marcadas en sentido horizontal, perfectamente señaladas, mucho mas marcadas las tres superiores con una acanaladura de unos 3m.
Presentan puntos de separación de las palabras, nexos y abreviaturas, así como una atípica forma de representar la fecha completa, pues está escrita con todas sus letras. Igualmente conserva otros elementos y símbolos como la cruz final, casi un aspa y el óvalo con un vástago que aparece separando las palabras de la data.
La lectura y transcripción que en el año 1993 realizó Jonás Castro Toledo sobre dos de las piezas venía a plantear que siendo obispo de Palencia, las reliquias de muchos mártires, se llevaron al monasterio de San Albino (para el que había dos ubicaciones posibles) estando presentes el presbítero y el abad en el año 1158.
La aparición posterior de un nuevo fragmento viene a completar ese contenido introduciendo nuevos datos
Esta sería la nueva transcripción:

MA (o AM) EP(ISCOP) O I
STE MAR  E S(AN)C(T)I ALBINI
ET PLURIMO (RUM) MARTIRUM
(ERA MILLESI)MA DECIES DENA BIS QUI(N)QUAGENA MIN(U)S QVATRENA
(PRESE)NTIBUS SODALIBUS SU(IS) EA PRESBITERO: ABBATE CV (  ):.(  ):.


Según nuestra propuesta las primeras letras de la línea superior MA podrían corresponder al nombre del obispo (Episcopus abreviado en EPO), de I, tal vez una P incompleta, de Palencia. Rastreando los nombres de los obispos de la diócesis de Palencia en la fecha de la inscripción, encontramos a Ambrosio II (1148-1184), correspondiendo este nombre con dos de las letras de la inscripción. 

En la segunda línea aparece la advocación a Santa María en abreviatura, seguida de una E, bien el final de Marie, bien  la parte final de otra palabra perdida intermedia entre los fragmentos que estaría igualmente apocopada: Eclesiae, villae, nomine...Finalmente se lee San Albino.

Tercer renglón:  Y de muchísimos mártires, en superlativo. Lo que parece referirse a la colocación de reliquias, entre las que estaría alguna de San Albino, del que sabemos que la quijada aparece entre las reliquias de la catedral de Palencia.

Después se incluye la fecha completa, la era 1196, o sea, el año 1158 d. C.
Finalmente los testigos, incluyendo presbítero y el abad CV...

Fot.: Museo de Valladolid


Fot.: Museo de Valladolid

Muy probablemente la advocación primera del templo prerrománico fuera la de Santa María refiriéndose la inscripción, al mencionar a San Albino, a las reliquias de este y otros muchos santos que fueron llevadas al lugar.
En este sentido conviene traer a colación que en la propia catedral de Palencia se cita la existencia de reliquias de San Antolín, San Albino, las once mil vírgenes, etc, siendo un uso religioso ampliamente extenso y documentado este de la reposición de reliquias de santos y mártires.
Pudiera ser que el monasterio, del que se menciona el abad, hubiera estado ubicado en el lugar que hoy conocemos como Los Pedregales para haber sido mas tarde trasladado a unos 4 km de Urueña, al lugar que hoy conocemos como Villalbín, convirtiéndose el antiguo solar en una parroquia y que de ahí la existencia de la pila bautismal.
El abandono de la parroquia y su conversión en una ermita debió producirse a partir del siglo XIII. A día de hoy no conocemos ningún documento que mencione el lugar, por lo que hipótesis de este abandono se centra en el reconocimiento de un gran hoyo relleno de materiales plenomedievales que se hallaba tras el altar.
Finalmente una remodelación casi completa de la estructura fue ocupada por una ermita, de la que existen datos hasta el siglo XVIII.

Tras la actuación arqueológica y ante la imposibilidad absoluta de llegar a acuerdo alguno con el propietario dentro de lo razonable, hablando en términos económicos, se decidió su cubrición con geotextil y la tierra limpia extraída del lugar, perdiéndose la oportunidad de hacer visible, visitable y disfrutable este lugar arqueológico en Urueña. No es el único caso, ni el primero, ni el último.



¡Que tengan un feliz día y una buena semana!



El informe técnico de la intervención es un documento inédito depositado en el Servicio Territorial de Cultura de Valladolid.
En su día la piedra de San Albino y la excavación arqueológica realizada en los Pedregales fueron publicadas en los medios de comunicación y en una breve reseña de la Revista de Arqueología por Alicia Gómez y yo misma.
Las fotografias de las piezas de la piedra de San Albino nos han sido cedidas amablemente por el Museo de Valladolid. Agradezco personalmente a Fernando Pérez y Eloisa Wattenberg su amabilidad y colaboración.

martes, 22 de abril de 2014

Arqueología e historia del Monasterio de San Román de Hornija y la tumba de Chindasvinto.




Representación en el Crónica albeldense del rey visigodo Chindasvinto, fundador del Monasterio de San Román de Hornija.

De todos los edificios prerrománicos de la provincia de Valladolid, tal vez sea este el menos atendido por la visita de los ciudadanos, tal vez debido a la falta de estructuras de carácter monumental antiguas y visibles. Sin embargo, encierra bellísimos elementos y una historia compleja que merecen la atención. Si tienen la oportunidad no dejen de visitarlo.

A comienzos del años 1989 se llevó a cabo una excavación arqueológica en la pequeña capilla en la que se custodiaba la supuesta tumba de los reyes visigodos Chindasvinto y Reciberga. La posibilidad de encontrar los restos de un monasterio hispanovisigodo en el lugar nos animaba en el trabajo. Cuatro arqueólogos trabajamos intensamente para reconocer cualquier evidencia al respecto. Las líneas que siguen van dedicadas a mis compañeros Miguel Angel Marcos, Angel Palomino y Manolo Serrano. La cuarta en ciernes era yo misma.
Las intervenciones arqueológicas pueden ver o no cumplidas las expectativas iniciales. Las nuestras pronto se vieron frustradas en cuanto a los resultados arqueológicos inmuebles conservados, pues como verán fueron escuetos, sin embargo, todo un universo de datos históricos se abría ente nosotros.






Bajo la advocación de San Román se encuentra la iglesia parroquial de un pueblo pequeño que añade al nombre del santo monje benedictino el del río que discurre por la campiña, el Hornija.  Aunque hoy se halla en la provincia de Valladolid,  su proximidad a Toro hizo que fuera una aldea del alfoz de esta ciudad.

Esta  iglesia de una sola nave y torre a los pies, está construida en piedra caliza con paramentos de ladrillo y tapial. 

La propia torre alberga en su base, la entrada a la iglesia, en cuyo interior, inmeditamente al sur, se encuentra la conocida capilla de Chindasvinto, hoy convertida en un museo en el que se expone un sarcófago de mármol, el osario y varios elementos arquitectónicos de filiación hispanovisigoda.
Las fuentes de la época aseguran que el rey Chindasvinto fue sepultado en la iglesia-monasterio de Hornija, que él había mandado construir, si bien la tradición benedictina amplia los datos indicando que si bien el patronazgo del lugar fue del propio rey, el monasterio dedicado al santo monje benedictino Román, habría sido fundado por San Fructuoso, el gran patriarca del monacato berciano, en el siglo VII.
La exhibición de una lauda sepulcral moderna en mármol negro con su correspondiente traducción al castellano, hace pensar que el sarcófago marmóreo albergaba los restos de ambos.



Chindasvinto, había fallecido el 30 de septiembre de 653 mientras que Reciberga  murió el 18 de octubre de 646. En cualquier caso, el epitafio refleja un gusto por la poesía con la que los comitentes pudieran querer reflejar su cultura. 

Una bella traducción: 

Si la vida  con oro se comprara
jamas se le atrevería  a un rey la muerte,
más como a todos rige igual suerte,
ni el precio al Rey, ni el llanto al pobre ampara.
así vencido al hado esposa cara,
mi espíritu a los santos se convierte,
porque resucitada puedo verte,
al lado de ellos refulgente y clara,
¡Adiós pues Reciberga! Siete años
dulce vivir hiciste a Chindasvinto,
y otros tantos te dí al nombre de esposa,
más ya llorar me toca a desengaño,
y a orillas del Ornisga en un recinto,
a quienes Dios junto, cumbra una losa.

Otra versión castellana es la siguiente:

“ Si valiese dar por la muerte oro y piedras preciosas
ningunos males pudieran acabar las vidas de los reyes
más, pues  una misma suerte derriba todas las cosas mortales,
ni el premio puede rescatar a los reyes de muerte,
ni el lloro a los pobres, por esto, no puedo más que
encomendarme a los santos, que te amparen para que, cuando
la cruel llama viniera el día del juicio a quemar el mundo,
resucites confiada en compañía de ellos. Queda, pues, con
Dios, mi muy amada Reciberga, y recibe de buena voluntad
este entierro que yo el rey Chindasvinto te doy”.
Después  prosigue como ella no vivió mas de 22 años y 8 meses y de estos casada con el rey casi siete años y por todo parece como ella murió mucho antes que el rey, su marido.


La excavación arqueológica y sus resultados.










La intervención arqueológica que se planteó en la capilla suroeste venía a intentar clarificar la preexistencia de estructuras edilicias anteriores correspondientes al edificio prerrománico. Realizada durante los meses de enero y febrero de 1989 venía motivada por las obras de restauración y acondicionamiento de la capilla para convertirla en sala de exposición permanente de restos arquitectónicos "mozárabes" y el sepulcro del rey visigodo Chindasvinto, conservados en su interior.
Conforme a las necesidades y limitaciones de las dimensiones de la capilla se decidió la ejecución de una única unidad de excavación arqueológica en la zona que se vería afectada por las nuevas cimentaciones. La superficie, en la zona central de la capilla, era de 3x 3 m. Tras la retirada del entarimado certificamos la existencia de pequeñas fosas de inhumación de un cementerio infantil.
Al lado de estos enterramientos se documentó una gran fosa que sobrepasaba los límites de la unidad de excavación en la que, de nuevo, se documentaron huesos de las inhumaciones infantiles.


Bajo el gran estrato cementerial se reconoció la existencia de un nivel de escombros constructivos con abundantes restos de ladrillo, tejas, canto rodado y cal, que sellaba una fosa de sección en V excavada en el nivel natural de arenas y gravas.  Un cimiento de canto rodado en el fondo de la fosa venía a poner de relieve que nos hallábamos ante la evidencia de un muro fantasma, saqueado y robado antes del uso como necrópolis de este espacio entre los siglos XVIII y XIX. La respuesta al por qué solo existen es este nivel arqueológico restos infantiles estaría en la propia advocación actual de la capilla a las Ánimas del Purgatorio.
Varios pavimentos de tierra apisonada, documentados en la mitad sur del área excavada se relacionarían con la existencia de dependencias monasteriales anejas al templo, al igual que una bolsada con estucos pintados en color rojo, que vendría a poner de manifiesto alguna reforma de pequeña entidad en alguna de estas habitaciones.
Bajo los suelos localizados a ambos lados del cimiento de canto rodado se excavaron sendas fosas con una clara intencionalidad funeraria ya que allí se localizaron varias inhumaciones de adultos, que pudieran datarse a finales de la Edad Media. Una de estas rompió un  sarcófago de granito y una tumba de lajas  asentadas sobre el nivel natural que se adscriben tímidamente a los siglos XI- XIII, ya que no podemos descartar una atribución previa.
   

El cimiento es la única estructura antigua y su envergadura hace suponer un alzado de sillares que constituiría un muro de carga. Es un cimiento excavado en la arena roja que constituye el estrato natural de la zona. Otro dato muy significativo es su orientación E-O, coincidente con los del trazado de la construcción de una templo, tal vez, el antiguo desaparecido. 
Comprobar su datación hizo que nos planteáramos desmontar una zona del cimiento hallando en su interior unos fragmentos de tegula e ímbrice que no permitieron esclarecer ni precisar mucho mas que lo que ya constaba como elemento ante-quem respecto a las fosas cementeriales, esto es, el muro tiene que se anterior a los siglos XII-XIII, correspondiendo muy probablemente al edificio prerrománico.



El sarcófago del rey Chindasvinto y Reciberga se localizaba adosado a la pared oeste de la capilla, bajo el epitafio marmóreo realizado en el siglo XIX. La inscripción fue mandada grabar por Joaquín Navagero, obispo de León, indicando que fue copiada de un manuscrito antiguo ya desaparecido, al parecer copiando el epitafio compuesto por Eugenio de Toledo, del que se conocen algunas copias de época visigoda,  en el 743 en el Tesoro de Guarrazar (Toledo), parcialmente en una inscripción de Gerena (Sevilla) y otras del X , en el Manuscrito Matritensis, en la Biblioteca Nacional, y en los Fragmenta legionensia que se conservan en el archivo de la Catedral de León.

Evolución histórica y constructiva.

A finales del XVIII se lleva a cabo bajo la dirección del arquitecto benedictino Fray Juan Ascondo la última de las grandes reformas del edificio añadiendo el último tramo de la iglesia y levantando la torre-puerta situada a los pies y la construcción de dos capillas laterales. Debió ser entonces cuando se configuró la gran capa de escombros que sirvió de relleno en estas obras de ampliación.
Estas nuevas construcciones saquearon la piedra de los muros antiguos para la reutilización de los sillares, siendo singularmente apreciable en los alzados exteriores donde se hacen visibles fragmentos de columnas, cornisas, etc., mientras en el interior se recolocó una lauda sepulcral fechada en 1250.
A mediados  del siglo XVI ya se había llevado a cabo una gran reforma del edificio antiguo consistente en la demolición de todo el tramo central de la iglesia prerrománica sustituyéndola por una gran nave de estilo gótico tardío. A finales del mismo siglo se derribó la cabecera primitiva y se sustituyó por una cabecera cuadrada con lo que se completó la desaparición superficial del edifico original.


De gran importancia para reconstruir la historia de este edificio es su estrecha relación con el monasterio, pues se trata siempre de una iglesia conventual, adosada en su costado sur a los restos conservados de la Casa del priorato, cuya fecha de construcción consta documentalmente en 1768. del resto de las dependencias apenas se conserva nada a causa de la Desamortización de 1837.
La existencia de este monasterio se conoce desde el año 653. La continuación de la Historia de los Reyes Godos de San Isidoro recoge como Chindasvinto muere lejos de Toledo y es enterrado en el monasterio de "Sci Romani de Hornisga", junto al río Duero, que el había construido desde sus cimientos, siendo enterrado en el interior de la iglesia.
después de esta fecha la documentación es prácticamente inexistente hasta su reaparición en un diploma de Alfonso III del año 891 en el que cede el monasterio de " Sancti tomani de Ornica" a San Salvador de Tuñón (Asturias), aunque la autenticidad del diploma ha sido cuestionada.
De la época de su reedificcación, que Gómez Moreno situa en la primera mitad del X, contemporánea a las grandes construcciones mozárabes de Mazote y Peñalba, no existe referencia documental conocida. Tal vez ni siquiera se tratara de una reedificcación sino de una reparación, una reforma o una reocupación, lo que haría difícil diferenciar la frontera entre ambas.
La siguiente cita documental conocida data de 1124, año en que Doña Urraca confirma la posesión de su término a San Pedro de Montes, en León, siendo abad Pelagio.
Después de esta fecha se conoce alguna referencia nada novedosa hasta la documentación de su venta al monasterio de San Benito de Valladolid en 1489. Desde mediados del XV la vida monacal se conserva hasta la desamortización.



El sarcófago.






Sobre el sarcófago, que es un elemento claramente excepcional, un auténtico monumentum descrito por Pelayo como majestuoso, rematado con "cuernos" en sus cuatro esquinas”, poco mas podemos decir, salvo que lo que ha llegado a nuestros días es una pieza monolítica de mármol sin cubierta. 
Gómez Moreno interpretó a la luz de las noticias medievales que se trataba de una estructura exenta con frontispicios puntiagudos en sus cuatro frentes.
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Tapa de sarcófago de la necrópolis de Alyscamps en Arles. Tal vez el tipo descrito para el  de Chindasvinto por Pelayo.

Actualmente se expone vacío en la capilla. Junto a el, sobre columnas modernas, se exhiben dos capiteles magníficos, recolocados, pues antes de la obra se hallaban en la zona del altar mayor.

Bajo el púlpito situado en la nave, sirviendo de soporte se encontraba un fragmento de columna estriada dividida en dos registros de estrías en direcciones opuestas, coronada por un capitel, que actualmente encontramos en la capilla-museo.












Adosada al muro sur de la iglesia se encuentra la antigua casa prioral, un modesto palacete del siglo XVIII que hasta hace unos años se mantenía en pie aunque abandonado a su suerte y que hoy lamentablemente se muestra arruinado y en  grave peligro de colapso irremediable. Para la construcción de la galería o pórtico de la fachada se reutilizaron  cinco magníficas columnas monolíticas de mármol, casi idénticas, acompañadas de capiteles y basas de diversa calidad y cronología.  De dos de los capiteles se dice que son de tradición toscana, mientras que a los otros tres, corintios, se les otorga una filiación mozárabe, y resultan impresionantes por su  decoración. Son parecidos a la serie de San Cebrián de Mazote y  se les ha puesto en relación con otros modelos equiparables de diversas construcciones asturianas y mozárabes.
Esta construcción es de propiedad privada, ha estado en venta  y uno de sus capiteles fue expoliado hace unos años.











Como han visto, hay muy pocas certezas a cerca de este lugar. Tal vez hubo una fundación visigoda para instalar un mausoleo real del que quedarían las noticias del obispo Pelayo. Desde luego,  hay reutilizados elementos romanos y sin duda en el siglo XII allí se conservaba un conjunto funerario de carácter monumental. 
Parece que esta sería la primera noticia seria que recoge la existencia del Mausoleo de Chindasvinto y no la que se atribuyó, parece que por una lectura errónea, a Ildefonso de Toledo en sus continuación de la Crónicas Isidorianas. 
Un lío histórico que tal vez un día pueda ser desvelado si se consigue llevar a cabo allí una investigación arqueológica de mayor envergadura y objetivos que contribuya, a la vez, a la recuperación de este conjunto monumental.

La iglesia de San Román es Bien de Interés Cultural


http://www.boe.es/boe/dias/1999/04/20/pdfs/A14710-14710.pdf



¡Que tengan una feliz Semana!




martes, 15 de abril de 2014

Plañideras y dolientes. Rituales funerarios medievales.




Para un Angel. 
No hay sino un vacío enorme, hoy imposible de llenar de otra cosa que no seas tu.



Columna rematada en personaje que se mesa el cabello en el pilar situado en la cabecera de la iglesia de Palazuelos


La muerte, que es parte de la vida, acaba imponiendo una realidad que lastima. El dolor y la pena se han reflejado desde época inmemorial en la familia y amigos del fallecido. Largos lutos y duelos acompañan la vida de los mas allegados junto a otras manifestaciones externas del dolor por la pérdida de la persona querida.

Es una cuestión que atañe a toda la colectividad por lo que es fácil deducir un cierto aderezo de símbolos externos que se ha conservado hasta la actualidad. La negritud de las ropas durante el luto y el enclaustramiento de las mujeres  han sido una constante de la sociedad tradicional.

De entre las costumbres mas arraigadas en la castilla rural tradicional vengo a destacar la del reparto de pan entre los mas pobres que asistían al funeral, un presente que pone de relieve el estatus social y económico del finado.
A esta misma realidad no es ajena la convocatoria de un número muy significativo de acompañantes en los funerales y el velatorio con su cortejo de plañideras. 

Aunque no en exclusiva, el papel femenino en el llanto público debe estar relacionado con el papel de las mujeres en las sociedades patriarcales ya que ellas son quienes se ocupan del aseo doméstico, una labor a la que se asocia el lavado del cadáver. De justicia es pues que posteriormente acompañen al difunto en presentación pública para la exposición y el velatorio.

Los hebreos, desde muy antiguo, tenían por costumbre mesarse (tirarse con fuerza de) los cabellos, echar ceniza y polvo por la cabeza y el cuerpo, rasgarse las vestiduras, vociferar, llorar y lamentarse ante la muerte de un ser querido con los cabellos desgreñados, los vestidos desgarrados y el pecho desnudo, vestirse con tela de saco, deshaciéndose de todo adorno para vincularse al difunto, que ya no podía gozar de ellos e incluso herirse en el pecho.

En los poemas homéricos, que como saben, recogen tradiciones y hechos mas antiguos, es familiar la imagen de las mujeres que se arañan las mejillas y el pecho o se arrancan los cabellos ante la pérdida de un familiar. Briseida, Hécuba o Andrómaca son protagonistas de escenas funerarias de esta índole en la Iliada.

Pero al llanto espontáneo y al dolor real se le añaden elementos de artificio. Desde antiguo, las plañideras formaron parte de un servicio que era contratado y pagado,  muy bien documentado en las fuentes históricas. 

En el medievo, esas costumbres ancestrales, fueron ampliamente perseguidas e incluso prohibidas por la Iglesia,  con escasa fortuna, como veremos.

Al Cid mismo se le atribuye la intención de impedir que se contrate el llanto protocolario y de artificio " Mando que no alquilen plañideras que me lloren. Restan las de Jimena sin que otras lágrimas compren".

La manera en que durante la Edad Media las procesiones funerarias manifestaban el dolor  por la muerte de un ser tan querido viene reflejada precisamente en elementos relacionados con el ámbito de los templos y de sus espacios de necrópolis.

Las plañideras de los canecillos de Frómista son solo un ejemplo de los muchos que la iconografía medieval revela, o algunas otras figuraciones como las de las arquivoltas de la portada de Santo Domingo en Soria, constituyendo los sepulcros los mejores elementos para el análisis de esta realidad.

En el Museo Nacional de Arte de Cataluña se conservan y exponen las tablas maravillosas procedentes de San Andrés de Mahamud, en la provincia de Burgos, que corresponden al cortejo funerario del ataud pintado del caballero Sancho Saíz de Carrillo.

Plañideras y plañideros del ataúd de D. Sancho Sáiz de Carrillo.


De entre aquellos otros pétreos, por diferentes razones, he decidido hacer una brevísima presentación del tema de los dolientes y plañideros, seleccionando los de la iglesia del monasterio cisterciense de Palazuelos, un magnífico ejemplo en el que se combina  la propia figuración del doliente en un rincón sobre una columna, marcando el lugar de un enterramiento, y la decoración profusa de sus sarcófagos pétreos.


Fotografía antigua de la iglesia de Palazuelos

El Monasterio fue fundado a comienzos del siglo XIII sobre unos terrenos que el rey Alfonso VIII otorga a don Alfonso Téllez de Meneses como recompensa por su participación en la batalla de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212). En 1213 invita a la comunidad de monjes cistercienses del cercano monasterio de San Andrés de Valvení a hacerse cargo de este lugar. El traslado requirió levantar un nuevo monasterio en estilo románico que se concluyó a mediados del siglo XIII y que vino a convertirse en panteón familiar de sus aristócratas protectores: el linaje de los Téllez de Meneses


Iglesia del Monasterio de Palazuelos desde la cabecera 

En el libro Tumbo de la comunidad, escrito en 1623, se citan los enterramientos pertenecientes a la familia, cuyos sarcófagos se hallaban en la capilla mayor, entre ellos los de Alfonso Téllez de Meneses y su esposa Teresa Sánchez, sus hijos y nietos. 

Por motivos desconocidos, los sepulcros exentos que conformaban el panteón fueron recolocados, pasando a ocupar desordenadamente, la capilla funeraria hoy conocida como de Santa Inés, abierta a las naves en el lado del Evangelio. Esta capilla responde a una edificación funeraria, por lo que no se descarta que sea el emplazamiento original de los enterramientos de Don Alonso y Doña Teresa, los fundadores.


Capilla de Santa Inés. Palazuelos.

En el año 1964, ante la situación de abandono de la antigua parroquia de Palazuelos, tres de ellos sarcófagos de piedra fueron trasladados al Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, donde se hallan en la actualidad, dos de ellos colocados en el espacio central de la Capilla de San Llorente.  Otros siete, en diferentes estados de conservación, permanecen en la iglesia de Palazuelos. Desgraciadamente ninguno de aquellos conserva la policromía original.


Sepulcro de un nieto de Alfonso Téllez de Meneses. Entierro del caballero y dolientes.

Los personajes  que aparecen en estos maravillosos sepulcros plañendo no sólo son mujeres, pues advertimos la presencia de hombres tirándose del cabello y de una mujer con toca que se araña la cara, si bien es cierto que la mayor parte de los personajes carecen de tocado y llevan melena corta dividida en dos y rematada en bucles. Señalando el lugar de colocación del sarcófago, se representa el mismo tema en las columnas que sustentan la arquería, tal y como ocurre en la realidad del templo de Palazuelos.

Sepulcro de un nieto de Alfonso Téllez de Meneses. Pajes y caballo enlutado.

Los pajes del personaje enterrado también lloran y se arrancan los cabellos junto al caballo de su señor, a cuyos lomos se coloca el escudo invertido en señal de duelo. Se trata de una escena en relieve de la zona correspondiente a los pies del sepulcro, que se advierte en, al menos, dos de los sarcófagos de Palazuelos colocados actualmente en el museo de la Catedral de Valladolid.


Escena de plañideras en otro de los sepulcros. Este en Palazuelos.

Sepulcros idénticos, igualmente pertenecientes a la familia de los Téllez de Meneses, fueron realizados hacia 1300, posiblemente por los mismos escultores, para el monasterio cisterciense de Santa María de Matallana, fundado por Tello Pérez de Meneses y su esposa Gontrodo García, alrededor de 1185, en las proximidades de Villalba de los Alcores (Valladolid). 
Un ejemplar completo se expone en el Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona. Este si conserva los restos del color original.

Villalba de los Alcores

Temas similares aparecen en el sarcófago de Santa María de la Vega, donde la procesión de plañideras y dolientes está configurada por varones y mujeres, figuras tocadas que se arañan y otras, sin tocado, que se tiran del cabello. Este ejemplar se encuentra expuesto en el  Museo de Palencia


Santa María de la Vega



 Fotografía de Justino Díez.

Con un indudable significado funerario, se decora el frontal de la tapa de un sarcófago.Tres hombres alineados tocan una cuerna, los de los extremos se tapan la oreja con la mano izquierda y el del centro se agarra el cordón de la capa.
En otra de las tapas de un sarcófago se representa un cortejo de monjes o monjas que tapan sus manos con largas mangas de los hábitos y cuyos brazos aparecen cruzados. En el medio del cortejo fúnebre aparece otro personaje con capa y báculo.


Un tema parecido, aunque mas vivaz está representado en la Comitiva de monjas del sepulcro de Doña Urraca  Díaz de Haro (s. XIII) Abadía de Santa María de San Salvador, Cañas, en La Rioja.

Sepulcro de Doña Urraca  Díaz de Haro (s. XIII) Abadía de Santa María de San Salvador, Cañas, en La Rioja.

A partir del siglo XII y más particularmente después del establecimiento de las ordenes mendicantes (carmelitas, agustinos, capuchinos y dominicos), la ceremonia del duelo, el velatorio y el entierro cambió de naturaleza; A la familia y los amigos a partir de los siglos XII y XIII, les acompañan sacerdotes y monjes-monjas de las ordenes mendicantes especialmente, así como otros  laicos con funciones religiosas ( de las ordenes terceras o los cofrades).Así, el acompañamiento se convierte en una solemne procesión escolástica: los parientes y amigos dejan de ocupar posiciones en estas procesiones funerarias; pobres y niños de hospital (expósitos o abandonados) empiezan a integrar el cortejo según la riqueza y generosidad del difunto, al tiempo que intercederían en favor suyo ante la corte celestial.

En fin, el complejo mundo funerario medieval es de alguna forma compilado en estos expositorios de los usos y costumbres y nos permiten vislumbrar, siquiera superficialmente, las representaciones públicas y formales en torno a la muerte.

Algunas fuentes, curiosidades y trabajos interesantes sobre este tema son: 

 .- Jeremías 9: 17 Así dice el SEÑOR de los ejércitos: Considerad, llamad a las plañideras, que vengan; enviad por las más hábiles, que vengan, 18 que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros, para que derramen lágrimas nuestros ojos y fluya agua de nuestros párpados.

.- Inés Calero, 2012. los legisladores griegos y sus Preceptos sobre las mujeres en los funerales.
A las mujeres griegas se les permitió estar presente en los funerales, pero desde el período arcaico las legislaciones funerarias prohibieron las lamentaciones femeninas, las laceraciones y la suntuosidad. Solón excluyó a las mujeres que no tenían relación de parentesco con el difunto, excepto a las mayores de 60 años. Motivos suntuarios podrían estar detrás de esta estipulación para eliminar las plañideras de alquiler, pero sobre todo hubo un intento de restringir la presencia de las mujeres en público.



.- http://www.sercam.es/fotos/revista/EPC10-04-historiadelosenterramientos-BALADO-MARTINEZ1.pdf



.- http://domuspucelae.blogspot.com.es/2014/01/theatrum-sepulcros-de-los-tellez-de.html


.- Vida cotidiana en la España medieval. Actas IV Curso de Cultura medieval.Aguiñar de Campoo

.- Jeremy Lawrance, 1995. La muerte y el morir en las letras ibéricas al fin de la Edad Media. AIH. Actas XII. Centro virtual Cervantes

.- la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de 1575: pocos días habían le habían traído nuevas de que el adelantado, su marido, le habían muerto [...], y como le trajeron tan tristes nuevas, ella se mesó los cabellos y lloró mucho y se rasguñó su cara y por más sentimiento mandó que todas las paredes de su casa se parasen negras con una tinta y betún negro.

.-(Kadare 2001:16-18). El escritor albanés Ismail Kadare en su novela Abril Quebrado retrata a las plañideras como actrices trágicas, con derecho a coro y máscaras, resaltando la teatralidad del acto de plañir el dolor ajeno en un espectáculo de cruel actuación dramática con la autoflagelación mediante las uñas y la sangre en el rostro, arrancar los cabellos y los pelos del cuerpo, todo ello en señal  de dolor extremo siguiendo ancestrales costumbres.
 "Las plañideras tenían el rostro arañado y ensangrentado. La tradición ordenaba que no lo lavasen ni en la aldea donde ocurrió la muerte, ni en el camino de vuelta. Sólo podrían hacerlo cuando llegaran a sus pueblos.  Las heridas en la frente y en el rostro les daban la apariencia de máscaras. Gjorg se puso a pensar cómo quedarían las plañideras de su clan. Parecía que toda su vida interior sería un almuerzo fúnebre sin fin, en el que una facción se turnaría con la otra en el rol de anfitrión y visitante. Y cada una de ellas, antes de irse al banquete, pondría su máscara sangrienta” 


Plañideras del sepulcro de Doña Urraca  Díaz de Haro (s. XIII) Abadía de Santa María de San Salvador, Cañas, en La Rioja.



Semana corta. Sean felices!