martes, 11 de noviembre de 2014

Dos Juglares en el Beato de Silos.






En unos minutos se sirvió un debate en la red social, en el que todo el mundo andaba interesado. Intentábamos comprender, unos, y otros, explicar, lo que significaba esta escena, una pequeña y singular instantánea de dos personajes que remataba una de las hojas de pergamino del Códice de Silos, una copia del Beato de Liébana, bastante tardía, realizada en el scriptorium del monasterio silense.
Desde entonces hasta ahora la he estudiado, he leído sobre ella todo lo que ha caído en mis manos y la he reproducido sobre teja y tabla en diferentes ocasiones. Lo último ha sido buscar paralelos actuales de la danza y la música. ¡No deja de sorprenderme!


El Códice de Silos es una copia extrañamente tardía del Beato de Liébana. Resulta bastante sorprendente que en el cenobio altomedieval de San Sebastián, fundado a finales del siglo IX o comienzos del X, no se hubiera copiado ya el famoso beato de Liébana, pero lo cierto es que no fue hasta el renacimiento del scriptorium en el siglo XI, con el abad Domingo y su apogeo con Don Fortunio, cuando los monjes silenses se embarcan en la tarea de realizar su propia copia. 

Fueron los monjes Domingo y Muño quienes en la hora sexta del 18 de abril de 1091, que cayó en jueves, dieron por acabada la copia del texto indicando "Bendito sea el Señor que me condujo al puerto de esta obra. Bendigo también al rey del Cielo que me ha hecho llegar sin daño al final de este libro, amén".
Continúan: "Este duro trabajo de copista aprovecha el lector. El escriba cansa su cuerpo y éste nutre su mente". 
E incluso interpelan al lector: "Tú, seas quien seas, que te aprovechas de este libro, no te olvides de los escribas, para que el Señor se olvide de tus pecados. Porque quien no sabe escribir no valora este trabajo. Por si quieres saberlo, te lo voy a decir puntualmente: el trabajo de la escritura hace perder la vista, dobla la espalda, rompe las costillas y molesta al vientre, da dolor de riñones y causa fastidio a todo el cuerpo. Por eso tú, lector, vuelve las hojas con cuidado y aleja tus dedos de las letras, porque igual que el pedrisco destroza una cosecha, así el lector inútil borra el texto y destruye el libro".

La obra, una vez finalizada la escritura, pasó a los iluminadores, desconocidos para nosotros, suponiendo la muerte del abad Fortunio, acontecida, hacia el año 1100, un parón en la elaboración de las miniaturas, de modo que el libro fue totalmente acabado 18 años después, el 30 de junio de 1109, siendo abad D. Pedro.

Una de sus mas singulares escenas iluminadas se identifica con un par de juglares, un músico y un danzante, dispuestos al final de la hoja de pergamino, sin marco alguno, rematando la Storia Quattuor animalia del Liber 3, justo después de Cristo entronizado, el cordero rodeado de las cuatro criaturas, los ancianos y la visión de la corte celestial. 
Fue Meyer Schapiro quien primero llamó la atención sobre esta ilustración. No es una inicial, ni sirve de comentario al texto y parece tratarse de un elemento absolutamente profano creado como una recreación lúdica de la vida cotidiana, llena de movimiento, como un capricho de relleno de este espacio. No obstante es mas que posible que tuviera un significado relacionado siquiera simbólicamente con lo precedente.

Los personajes se colocaron afrontados y se representan con túnicas cortas y un curioso calzado elevado. La forma triangular de las plataformas nos induce a varias interpretaciones que oscilan entre unos incómodos y extravagantes chapines de altas plataformas, los coturnos para caminar preservándose de los barros o un curioso modo de representación del movimiento o los pasos de danza.




El de la izquierda tañe un instrumento, una viola oval, mal llamada Fídula (pues no existe ninguna base histórica para denominarlas así); un instrumento de cuerda frotada, y parece danzar mientras lo toca.




El de la derecha, también danzante, sujeta por el cuello un ave zancuda, con una de sus manos, mientras que en la otra blande un espadón o faca.
Ha querido verse una cierta relación entre esta representación y aquella descripción de a algunos juglares que esgrimían cuchillos y espadas y que fue recogida por D. Ramón Menéndez Pidal y compartida por J. Williams, y con la supuesta habilidad juglaresca para imitar el canto de los pájaros. Ninguna de las dos hipótesis parece poder mantenerse.



María del Rosario  Álvarez contradice a Meyer Schapiro y propone la vinculación de la escena con el texto precedente, indicando que ambos danzantes -que se hallan tras el cordero y los cuatro seres vivientes-, poseen un significado ligado al pecado. Se basa para ello en sus desafiantes rostros, alejados de las beatíficas caras de otros personajes, así como en la introducción de novedades en el ámbito musical, en este caso la viola oval, que sería una transformación de un instrumento sagrado. El ave , propone, representaría el pavón de la Resurrección y todo el conjunto estaría encaminado a condenar a todos los que realizan acciones pecaminosas y reprobables, incluyendo la música y la danza, contra Cristo y su iglesia.
Yo no sabría qué decir al respecto. Tiendo a creer, como la navaja de Ockham, que el camino mas sencillo es la mejor explicación, pero es cierto que sobre la simbología antigua litúrgica carezco de suficiente conocimiento como para desechar nada. Me fío de los investigadores de primera que me agasajan con su amistad virtual y real.

Así lo pinté








Que tengan una feliz semana!


Para viola







2 comentarios:

  1. ¿Y no podría ser una danza, con más o menos simbolismo, pero danza? El calzado ¿podría representar espolones de los gallos? No hace falta que sea posible como "calzado", bastaría que fueran unas telas que "fingiesen" espolones (igual que con telas se fingen orejas o cuernos). o sí, coturnos, destinados a marcar el "clac-clac" del ritmo. Siempre me ha parecido así, cuando he visto se dibujo: es una danza, bastante viva, quizá de origen oriental, en la que se simula cortarle el cuelo a un ave (gallo, ¿zancuda? gallina...). Siempre me pareció una escena intrigante y divertida. Gracias por la música, concuerda con la ilustración. Estupenda entrada.

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  2. Gracias Carmen. Creo, personalmente, que es una danza popular interpretada por personajes juglarescos pero con un simbolismo claro de carácter religioso, es decir, una amalgama de las hipótesis apuntadas. Tocar y danzar es posible y no hay casi nada de lo que hacemos que no proceda de una desvirtuado o no tanto, carácter simbólico. Lo de las telas me parece muy sugerente. Gracias por tus observaciones.

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