martes, 16 de mayo de 2017

Lo que enseña una higuera



Adán y Eva, tentada por la serpiente, coge un higo del árbol del conocimiento.
Códice Albeldense o Vigiliano. Monasterio del Escorial. Madrid.


Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

La Higuera, Juana de Ibarbourou. Uruguay



En mi jardín crece una higuera desde hace  casi veinte años, el tiempo que lleva creciendo, adornando y ofreciéndonos sus frutos. Alguien amado la compró para agradarme y para que me hartara de comer higos. Lo ha conseguido pues cumple perfectamente esa y otras muchas funciones y, desde luego, abastece a toda la familia y vecinos de sus dos frutos, puntualmente, cada año.
Este abril, cuando sus hojas estaban tiernas y sus frutos engordaban, una demoledora helada de -10 º la ha quemado. Verla así me produce una inmensa tristeza pero se que es su condición  la vitalidad y la resistencia, así que esperaré pacientemente su recuperación.
De este árbol gusta todo, su nombre, sus dos frutos -las brevas de julio y los higos de octubre-, sus hojas protectoras -mas te vale ponerte manga larga para recolectar- y su fresca sombra durante el aplanador sol del verano en los meses de julio y agosto.
Tanta y tan buena actitud en un árbol no pudo pasar desapercibida a lo largo de la historia. Tanto es así, que prosperidad, fertilidad y fortuna definen el significado tradicional de este singular árbol ya época medieval.
En la antigua Mesopotamia se asociaba el árbol de la higuera al conocimiento, valorando que los numerosos granos de su fruto definían la universalidad de la potencial sabiduría humana,  así que no es extraño que precisamente se mencione como el primer árbol del Edén, del que Eva toma el fruto -cómo me gusta- tal y como luego recogen algunos códices que copian a Beato.




La higuera ha estado ligado al ámbito del Mar Mediterráneo desde hace milenios y probablemente sea uno de los más antiguos árboles cultivados por la Humanidad, remontándose algunas evidencias arqueobotánicas   al 12.000 a.C. en el valle del Jordán, en la zona mas oriental de las que lo rodean.

  


En la Grecia Clásica la higuera simbolizaba el vigor y el honor, por lo que los ganadores de las Olimpiadas eran premiados con sus frutos y coronados con hojas de este árbol sagrado. 
Con su madera se tallaban falos que, durante las bacanales, portaban los jóvenes guerreros mientras que las mujeres jóvenes se adornaban con ristras de higos cortados, al estilo de los grabados de Demeter.
La leyenda del nacimiento de Roma narra como los hermanos Rómulo y Remo,fueron amamantados por una loba bajo la sombra de una higuera, el árbol que en el I a C, Cayo Plinio el Viejo, experto botánico, define como el árbol sagrado de la vida.
Ese mismo carácter tiene en India y para el Budismo.
Durante la Edad Media en Europa, el pastel de higos asados en hoja de laurel se convirtió en una comida de cuaresma, siendo símbolo del estatus económico la cantidad de pan de higo de cada familia.


Ficus carica en C.J.Trew Plantae selectae quarum imagines ad exemplaria naturalia Londini, in hortis curiosorum nutrit, vol. 8: t. 73,1771

A comienzos del siglo XVI Pizarro ordena a las familias que se instalan en el Nuevo Mundo que siembren una higuera en sus propiedades.
Las propiedades de la savia de la higuera son numerosas, conservándose en la sociedad tradicional castellana como remedio contra los clavos y berrugas, tal y como yo misma he visto hacer a una curandera en Campaspero, el pueblo vallisoletano donde pasé mi infancia,  produciéndose curaciones inmediatas de tales dolencias.
Las mujeres africanas elaboran con ella ungüentos contra la esterilidad y para favorecer la lactancia.

Esperamos que nuestra higuera se recupere pronto. Se nos hace imprescindible






¡Les deseo una feliz semana!



   




viernes, 12 de mayo de 2017

Los Beatos Medievales, una herencia compartida. El Códice de Tábara de regreso



Dentro de los actos de celebración del 150 aniversario de la creación del Archivo Histórico Nacional, el pasado  de abril el Beato de Liébana, códice del monasterio de San Salvador de Tábara fue expuesto por unas horas en el mismo scriptorium donde vio la luz.

Con motivo de tan importante acontecimiento se desarrollaron en la villa de Tábara unas jornadas divulgo-informativas, bajo el título Los Beatos Medievales, una herencia compartida, impartidas por importantes personalidades del arte medieval.
Diferentes ponencias en las que se explicaron los trabajos realizados en conjunto por España y Portugal a fin de presentar los fondos de sus archivos históricos en la Memoria del Mundo de la UNESCO, y la importancia que representa para la protección y difusión de de dichos fondos.





Por parte de la asociación de Amigos del Archivo Histórico Nacional se presentó el premio de investigación “Torre de Tábara” en su segunda edición, y cuyas bases están disponibles en la página web del Archivo.

Como primicia mundial, el artista y compositor Leo de Aurora interpretó su obra Aurora de Tábara, una creación ex profeso para este acontecimiento.

Otro momento de relevante importancia fue la participación de la última discípula del famoso medievalista experto en beatos: John Williams, Theresa Martín que trató de la obra póstuma de su maestro Vision of the end in Medieval Spain. 


El momento más emocionante para todos los asistentes y visitantes en general se produjo en la segunda jornada, cuando se pudo contemplar el ejemplar del Beato de Tábara, registrándose más de 2000 visitas durante las diez horas que el códice estuvo expuesto.


El manuscrito, protegido por especiales medidas de seguridad, estuvo abierto por la página que ilustra la torre del monasterio  “alta et lapidea” y el scriptorium adjunto, hecho que acontece por primera vez en una exposición.

El Beato de Tábara, obra de Magius hasta su muerte, fue terminado por su discípulo Emeterius, y los monjes Sennior y Monnius,  el 26 de julio del 970 a las dos de la tarde.

Está restaurado y reencuadernado conservando 171, algunos salvajemente mutilados, quedando únicamente 9 miniaturas.
Lo más característico de este códice es la imagen miniada que representa la torre del monasterio, siendo la imagen más antigua que se dispone de un scriptorium del medievo europeo. Una torre, probablemente defensiva, con tres cuerpos centrales, campanario con balconada en la cúspide y un laberinto a los pies. Así como una estancia aneja en la que se representan las figuras de unos monjes trabajando en unas piezas de pergamino sobre un escritorio y una tercera estancia, otro operario provisto de unas tijeras.

Toda una instantánea de un momento cualquiera en la vida cotidiana de un monasterio de estas características, tal es así que Umberto Eco reconoció haberse inspirado en esta ilustración para su obra En el nombre de la rosa.

El monasterio había sido edificado bajo los auspicios de Alfonso III, siendo fundado por San Froilán a finales del siglo IX bajo al advocación de San Salvador y con una comunidad dúplice de más de 600 monjes siendo abad del cenobium tabarnese Arandisclo. 

Debió ser arrasado por las razzias de Almazor en el 988, siendo reconstruido con posterioridad puesto que forma parte de las propiedades de Dª Elvira de León, hija del rey Fernando I en su testamento del 1.099. Tenemos constancia de su consagración en 1137 por el obispo Roberto de Astorga, y de la pertenencia durante los siglos XII y XIII a la orden del Temple.

Ya en el siglo XVI y por dictado del monarca Carlos V, se estableció en esta localidad la sede del marquesado de Tábara, cuyos señores llegaron a poseer extensísimos pagos por toda la comarca. La iglesia fue reformada en 1761 a expensas del marqués de Tábara, conservándose de su primitiva fábrica románica la torre y dos de sus portadas.

 


En el lugar que ocupaba el antiguo monasterio de San Salvador se levanta la iglesia de Santa María de Tábara, declarado Monumento Histórico Artístico en (1931) y Bien de Interés Cultural, que actualmente acoge el Centro de Interpretación de los Beatos.








Por Carmen Fresno para Ermitiella


martes, 18 de abril de 2017

Una escalera monumental del siglo V a C. en Turuñuelo de Guareña (Badajoz)



S. BURGOS / C. MARTÍNEZ
El Pais.

Ayer saltaba a los medios de comunicación la noticia del reconocimiento arqueológico de una gran escalinata monumental correspondiente a un edificio del siglo V a C.
Estos escalones, que salvan un desnivel de dos metros y medio de altura, avalan la existencia de un edificio tartésico en el que se utilizaron técnicas y materiales que sólo conocíamos, hasta ahora, en el mediterráneo occidental mucho tiempo después. Además se trata de la única estructura de estas características conocida por el momento.
Estos 10 enormes escalones,  de 2 metros de largo, 0, 40  de ancho y 22cm de altura. están configurados mediante el uso de dos técnicas diferentes: los cinco superiores están cubiertos por lajas de pizarra y los inferiores son los que están hechos a modo de sillares cuadrangulares de bloques de mortero de cal y granito triturado, fabricados con un encofrado  un precedente, hasta ahora inédito, del opus caementicium romano.
Este lugar, que se encuentra en el término municipal de Turuñuelo de Guareña, aunque a escasos dos km de Yelbes, en la comarca de las Vegas del Guadiana, empezó a ser investigado en el año 2015. El interés inicial de los arqueólogos se fundamentaba en su enorme extensión, a diferencia de otros enclaves de la misma época y cultura, para pasar, enseguida a valorar un excelente estado de conservación de sus estructuras y el hallazgo de materiales arqueológicos muy diversos y abundantes: objetos metálicos, sacos de cereales,  semillas, vasos cerámicos, restos de alfombras de esparto y otros tejidos, parrillas y calderos de bronce completos.
Además, se ha hallado en uno de los tres ámbitos en los que se divide la habitación principal, en cuyo centro se levantó un altar de adobe en forma de piel de toro extendida, una especie de "bañera" o "sarcófago" de 1,70 metros de largo, realizada con un material extraño a base de cal 
Se valora, aunque sólo se ha intervenido en un 10% de la construcción, que esta escalinata hace pensar en la existencia de una planta inferior, por lo que nos hallamos ante el documento "unico" de un edificio de dos plantas del siglo V a C, un tipo de construcción desconocida hasta ahora para este periodo.


Restos de dos caballos sacrificados en el yacimiento tartésico del Turuñuelo.


Las palomas y la piel de toro extendida son símbolos típicos de Tartesos. 
CARLOS MARTÍNEZ. El Pais


Un gran caldero de bronce hallado en el Turuñuelo. 
CARLOS MARTÍNEZ. El Pais

La dirección de los trabajos arqueológicos es de Sebastián Celestino, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España, CSIC, y director del Instituto de Arqueología de Mérida— y de la arqueóloga Esther Rodríguez.
Se sostiene que la civilización de Tartesos,  que ocupó el suroeste de la Península Ibérica, tiene un origen lleno de incógnitas, si bien, se mantiene que el comercio de minerales con los fenicios fue su factor primordial de desarrollo y que su desaparición tuvo que ver, a pesar de mitos y leyendas, con un declive económico, un ataque o un cataclismo, cuestiones a las que los arqueólogos pacientemente quieren ir dando contestación conforme avanzan las investigaciones en diversos enclaves de esta cultura.
El principal núcleo tartésico se hallaba entre el Guadalquivir y Huelva, pero tras una crisis económica en el siglo VI,  se produce un gran proceso migratorio de población hacia el interior, instalándose en el valle del Guadiana un número importante de gente. Es ahora cuando se construyen los enormes edificios que conocemos: el santuario de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena, La Mata, en Campanario, y el del Turuñuelo, para el que se presupone una función cultual.
Los tres fueron intencionadamente incendiados y sellados con arcilla por sus propios moradores, como protección frente a la llegada, a finales del siglo V, principios del IV a. de C., de nuevos contingentes con una cultura de tipo céltico procedentes del norte. 
El abandono de estos centros, que articularían el territorio, coincide con otros niveles de incendio documentados en otros lugares investigados en el valle medio del Guadiana, lo que no sería mas que el inicio del fin del sistema político tartésico.

Ayer, el periódico el Pais, presentaba un breve documental sobre este importante hallazgo, si bien una parte de las imágenes que presenta corresponden a otro importante yacimiento arqueológico tartésico, El Cancho Roano.

¡Que tengan una buena semana!





https://www.facebook.com/elpais/videos/10154449120251570/
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/07/actualidad/1475849094_781764.html



miércoles, 12 de abril de 2017

#Escapada románica



Monasterio premostratense de Santa María. Aguilar de Campoo

No siempre es fácil tener una percepción amplia del patrimonio cultural. 
Los seres humanos, en virtud de nuestra limitada forma de acercarnos a la realidad, tendemos a mirar lo que nos rodea con la lupa de nuestros gustos, aficiones y conocimientos. Arquitectura, estilo artístico, rutas andariegas, lugares para visitar y aconsejar la visita....en compartimentos estancos que podemos abarcar sin un gran esfuerzo.
Sin embargo, lo realmente interesante de las cosas es su complejidad, su territorio, la naturaleza que lo envuelve y cómo ha sido transformada a lo largo del tiempo, la historia de cada lugar, la común y por qué cuenta lo que cuenta. 
Si además tienes la suerte de que te ofrezcan guía y acompañamiento de los expertos, mejor que mejor.
Alojarte y poder disfrutar de rica comida en un lugar recuperado de la incuria de la ruina, remata el círculo de una visita imborrable.
El respeto por el Patrimonio cultural y su conversión en un bien generador de desarrollo sostenible en el medio en el que se localiza cierra el círculo necesario de las relaciones entre los ciudadanos y lo que nos está siendo legado con el compromiso de hacerlo llegar a las generaciones futuras.
Esta perspectiva permite un mejor y mayor disfrute del Patrimonio Cultural y puedes encontrarla, si quieres. 
He tenido la suerte de compartir una experiencia de este tipo recientemente a través de la oferta de actividades ofrecida por la fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico de Castilla y León. En este caso, el centro expositivo Rom: románico y territorio, la agencia Cultur Viajes y la marca Alojamientos con Historia ofrecen hasta 10 propuestas  exclusivas de fin de semana con recorridos singulares, que nos permiten hacer una auténtica inmersión medieval a través del Románico del norte de Palencia.
Les encantará

Claustro del monasterio cisterciense de San Andrés de Arroyo



Fuente del claustro de San Andrés de Arroyo. Un compendio de los diferentes momentos de esplendor del monasterio a lo largo de 800 años de historia


Iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor en Olleros de Pisuerga.


Iglesia románica de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar en su emplazamiento rocoso junto al arroyo.



El caballero y el dragón. Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar 





Posada de Santa María la Real, Aguilar de Campoo

Gracias a Carmen Molinos, Javier Lera, Cristina Párbole, César del Valle, Victor Álvarez, Márcel Alonso, de la Fundación,  Ana Manzano de Iconos Medievales, Sira Gadea de Viajar con el Arte, Manuel Morales del Pais, Lola, David y Rodrigo de Destino Castilla y León y Jose Escribano de Rutas por España.

¡Para repetir!

Que les acompañe la música 




martes, 11 de abril de 2017

Locmariaquer. 6000 años de piedras sagradas





Recuerdan saber algo de Armórica antes de que Obelix paseara menhires?
El personaje de Uderzo y Gosciny, cuya colección adorna mi juventud y releo de continuo, generalizó para su público la idea de que menhires y galos estaban directamente relacionados, lo que no deja de ser sino una realidad relativa, pues efectivamente los galos vivieron allí, pero tres mil y pico años después de que los menhires se construyeran. 



Hoy sabemos que hace unos 6000 años, en pleno Neolítico, se erigieron miles de monolitos en esta zona de la Bretaña, configurando uno de los conjuntos mas espectaculares del mundo. 




De estos ejemplos de arquitecturas desmesuradas, destacan, por su singularidad, tres construcciones neolíticas levantadas en diversas fases, a lo largo del V milenio, en un punto singular del actual Golfo de Morbihan, que en aquella época no existía como tal. El lugar, situado junto a la población de Locmariaquer, junto al mar, está configurado por tres elementos: el gran menhir partido, que es el monolito más alto de la prehistoria occidental,  el túmulo de Er Grah y dolmen de la Table des Marchands, que hacen de este lugar un conjunto excepcional.





Hacia el 4500 a C, el territorio estaba configurado por valles de arroyos que dirigían sus cauces al mar. En una de las colinas se configuró un espacio sagrado de estelas  gigantes, en bretón Menhir, de entre 6 y 20 metros de altura, alineadas, de las que se ha conservado "in loco" el llamado menhir brisé o caido, un monolito  de algo mas de 20 metros de altura y 300 toneladas de peso, realizado sobre granito obtenido de un afloramiento situado a unos 10 km de distancia - cerca de la isla de Rhuys-. Para su traslado hasta este emplazamiento se propone un sistema de rodillos de madera y la tracción humana.  Una vez trasladada la pieza hasta el lugar donde debía ser erigido, es probable que se construyera una rampa de tierra junto a una fosa, de 1,5 m de profundidad, sobre la que se habría hincado, arrastrando la enorme piedra hasta hacerla encajar en el cimiento. Para ello se propone la utilización de una estructura de madera y el uso de cuerdas. Una vez levantado el enorme menhir, se habría calzado en la base y se le habría acabado de dar su aspecto actual mediante retoques a la superficie con  mazos de cuarzo. Después se habría grabado un motivo simbólico.







La gran estela decorada, que había caído hacía 4300-4200 a C, probablemente por un temblor natural, sin que pueda descartarse su remoción intencionada - habida cuenta de las fracturas lineales de la enorme pieza-  parecía la única existente hasta que se realizó la excavación arqueológica del sector.
Fue, entonces, cuando se identificaron las fosas alineadas y con diferentes profundidades de unas 18 estelas, de las que sólo quedan estos vestigios a lo largo de 50 m lineales. No obstante no puede descartarse que pudieran existir mas evidencias de fosas de estelas menhir en zonas aún no excavadas.



Sobre su significado se ha apuntado la posibilidad de que se tratara de un calendario lunar, que ningún análisis científico acepta, y que sean exponentes de la actuación de grandes personajes de la sociedad neolítica, que no es mas que especulativa, aunque mucho mas probable
Es bien cierto que durante el neolítico se produce la generalización de un modelo social sedentario y jerarquizado que hace posible la agricultura y explica la construcción de estos enormes complejos que requieren una organización estratificada y compleja. Sostienen los expertos en megalitismo que la construcción de estos enormes complejos simbólicos hace necesaria una organización de la planificación, objetivos y trabajo de comunidades completas: jefaturas, sacerdocio, extracción de la materia prima, traslado y construcción no se hacen de cualquier manera, con poca gente ni en poco tiempo.



Lamentablemente, el alineamiento de las estelas se mantuvo poco tiempo como tal, en torno a 200 años y hacia el cambio de milenio, en torno al 4000 a C., se levantaron sobre el mismo lugar dos tumbas impresionantes, reutilizando el espacio sagrado y algunos de sus elementos preexistentes.




La mas antigua de aquellas es una construcción destinada a albergar a un gran personaje y es conocida como túmulo de  Er Grah. El enorme montículo mide 140 metros de longitud, entre 16 a 26 metros de anchura, conformando una planta trapezoidal, y 2 m de altura máxima.


Las excavaciones arqueológicas realizadas en este lugar permitieron reconocer los restos de una tumba central de planta rectangular, una gran cista tapada por una enorme losa, a la que, desde el 4000, se le fue añadiendo un cairn o túmulo de piedra caliza. En el interior de la tumba individual, sin duda una inhumación de la que no quedan restos antropológicos -la acidez del suelo se supone la causa- se hallaba el ajuar correspondiente a un personaje de alto prestigio social, conformado por una punta de flecha de silex, piezas pulimentadas, cuentas de collar y fragmentos de un plato de barro cocido



Al otro lado del alineamiento de estelas, se levanta el dólmen  conocido como la mesa de los comerciantes, igualmente construida hacia el 4.000 A.C.





El nombre con el que es conocido hace referencia a la enorme losa de piedra que cerraba la cámara del dólmen de corredor, que tiene unas medidas de  7 x 4 m y 80 cm de espesor. Curiosamente, esta enorme piedra es, ni mas ni menos, que el fragmento inferior de una estela decorada del complejo de la antigua alineación de estelas quinientos años mas antiguas, por lo que el concepto relacional y simbólico queda constatado y reforzado con el conocimiento de que dos losas del dólmen de Gravinís, situado a varios km de distancia, son parte de un mismo menhir de unos 14 m de altura.










El frente de la cámara es una estela decorada con bastoncillos, lo que ha hecho plantear  que entorno a una estela original del antiguo alineamiento haya constituido el motivo para erigir el dólmen en torno a ella y reutilizando la piedra del cierre con otra estela fragmentada. La tumba, en este caso colectiva, había sido saqueada ya en época romana.
La restauración realizada supuso la recreación de su cairn o túmulo de piedras.




    En la actualidad la visita al complejo de Locmariaquer se realiza a través de un centro de recepción de visitantes muy bien gestionado, con un itinerario completo y cómodo y un audiovisual muy interesante y esclarecedor.

    ¡Les deseo una feliz semana!




    http://www.site-megalithique-locmariaquer.fr/

    martes, 4 de abril de 2017

    Carnac. El impresionante megalitismo bretón




    Le Menec


    Allí al lado del océano, al sur de Bretaña, cuentan historias de gente que llevaba flores a las hadas que moraban en las piedras; hay quien creyó por centenares de años que los menhires eran gigantes petrificados y héroes de otros tiempos.

    Sean como fueren, es como si las costumbres y ritos ancestrales no desaparecieran sino que  se han ido transformando, modificando y adaptando; incluso con la llegada del cristianismo, que se asentó sobre aquellas creencias de los antepasados que a la vez que asombraban, atemorizaban y se oponían a las nuevas, siguieron manteniéndose las antiguas historias simbólicas. 
    Desde la Tardoantigüedad y comienzos de la Alta Edad Media, en muchos de estos espacios se grabaron cruces y se levantaron nuevos templos. El magnífico "edificio" de la nueva religión aprovechaba el significado social, demonizaba las manifestaciones preexistentes y seguía dominando las voluntades sociales.



    Numerosas leyendas siguieron corriendo, atravesando siglos, pasando por las bocas, los oídos y los campos, de siglo en siglo. 
    En Carnac se cuenta que cada piedra es un soldado romano convertido en piedra por Dios para proteger a San Cornelio — el patrón de la localidad— y al ganado -base de su subsistencia-, que estaban siendo perseguidos por aquéllos.
    Mucho mas impresionante es la que asegura que, durante la noche, las piedras se alzan sobre si mismas, desenterrándose y avanzando hacia el mar para bañarse.
    Creencias., como la que asegura que las piedras de Karnag, el nombre bretón de Carnac, poseen poderes curativos, procuran la fertilidad y pueden ayudar a encontrar pareja, me recuerdan otras similares del noroeste de la Península Ibérica.






    Milenios después de que fueran levantadas y agrupadas, los druidas célticos consideraban que los dólmenes eran las casas de los dragones, y los menhires marcaban su territorio, y hoy, seis mil años después de que comenzaran a ser levantados,  hay quienes, por su capacidad de entrar en vibración y acumular energía, sostienen que se trata de lugares de intercambio de fuerzas cósmicas y telúricas, auténticos campos energéticos.
    Lo que es cierto, es se trata de las primeras grandes construcciones simbólicas perdurables de la Humanidad, pues el fenómeno megalítico (incluyendo  las manifestaciones similares no megalíticas, sean megaxílicas -en madera- o redondiles, túmulos, -que encierran cámaras de mampostería en seco-) son un fenómeno repartido por todo el viejo mundo a partir del Neolítico, desde el V milenio a C.



    Dólmen, con el túmulo perdido, situado junto a los alineamientos de Le Menec

    No puede explicarse fácilmente con palabras, - o sería mas acertado decir que carezco de la habilidad para hacerlo- , la sensación de pequeñez y asombro ante las manifestaciones megalíticas bretonas. Inmensidad temporal, simbólica y territorial. Es como si anduviéramos en pasillos que ponen en conexión el mundo humano, a través de un peregrinar, con el mundo supremo.
    Acostumbrada a estudiar, ver fotos y audiovisuales de todo de tipo de lugares, llegar a  Carnac -un deseo largamente proyectado-  fue una impresión increíble, pues solo ahí, sobre el terreno, es una consciente de la grandeza del conjunto de estas manifestaciones megalíticas. Se eriza el vello sólo al contemplarlo.
    Los llamados alineamientos de Carnac, por la población mas próxima, están en la zona costera bretona del golfo de Morbihan. Son, en realidad, mucho mas que las líneas de menhires, pues allí se combina espacial, cronológica y culturalmente un excepcional conjunto de alineamientos de enormes piedras inhiestas (unas 4000), dólmenes y túmulos a lo largo de unos 4 km.
    Los monumentos megalíticos de Carnac están protegidos como Monumentos Históricos desde 1889, habiendo pasado por diferentes avatares hasta la actualidad. A día de hoy, el lugar se encuentra cercado, fruto de la degradación sustancial en el suelo sobre el que se asientan,producida por el número de visitantes estivales que hacían inviable un control de la conservación. Esta es la causa de que, desde 1991, se haya cerrado al libre acceso en verano, si bien permanece abierto en invierno, una cuestión de la que yo, personalmente, me he beneficiado, y muy bien.




    En 1996, los monumentos megalíticos de Carnac se incluyeron en la Lista Indicativa de UNESCO, a la espera de ser definitivamente inscritas como Bien Cultural del Patrimonio de la Humanidad. Durante este tiempo transcurrido, el expediente presentado se ha ampliado a todos los monumentos megalíticos de la zona, agrupándose varios centenares de manifestaciones megalíticas, que incluyen los bienes de una veintena de comunas, lo que hace que el contexto sea mucho mas coherente desde el punto de vista de la comprensión territorial, cronológica e histórico-cultural.
    Los alineamientos, dólmenes, recintos y túmulos de Carnac están gestionados por el Centro de Monumentos Nacionales del Ministerio de Cultura francés. 
    Lo que conocemos de ellos nos hace retrotraernos, al menos, al Neolítico, un amplio periodo que podemos situar entre el 5000 y el 3000 a C, en que este territorio fue específicamente elegido para levantar estos monumentos que, como vamos comentando, conectan alineamientos, recintos y monumentos funerarios, siendo la interpretación que gana mas peso la de que se trata de un lugar de «paso», el umbral que marca la ruptura entre dos espacios, entre dos mundos.
    La estrecha relación de estos monumentos con su entorno directo constituye de hecho una línea de investigación privilegiada que ha permitido establecer rápidamente sorprendentes coincidencias entre los grandes conjuntos de Carnac, conocidos como Menec, Kermario y Kerlescan, en los que se repiten el mismo esquema general, lo que traduce, a buen seguro, la voluntad de recordar el mismo mensaje.





    Foto: © Jm Bonvallet / cmn

    Desde la localidad de Carnac, junto  a la que se sitúa, se encuentra la primera de las grandes construcciones de época neolítica, El túmulo de Saint Michel de Carnac. Esta dedicación a San Miguel, -como ya saben mi arcángel favorito y capitán de los ejércitos celestiales contra el mal (una vez mas sobre un megalito)-, no es baladí, como bien pueden imaginar. Es la superposición de una creencia sobre otra de la que no queda sino un enorme túmulo en el que se emplearon casi 35 000 m3 de piedra y tierra a comienzos del V Milenio a C. Sus dimensiones y localización -tiene 125 metros de largo, 50 metros de ancho y 10 metros de altura- lo convierten en un punto territorial de enorme valor visual que no pasa desapercibido a los nuevos ritos. De hecho la capilla cristiana actual es heredera de una sucesión de otros templos y fue reconstruida en 1927, lo que avala el valor simbólico del espacio a lo largo de 7000 años.




    La excavación arqueológica realizada entre la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX,  permitió reconocer  una completa y enorme tumba neolítica destinada a albergar un personaje de rango social elevado, cuyo lugar de enterramiento era tan inmenso como la importancia del ajuar que lo acompañó entre el que se encuentran objetos de jade procedente de Italia.
    La elección de su emplazamiento, como expuse hace un momento, es igualmente excepcional, pues se instaló en la zona mas alta y de mayor dominio visual del territorio, lo que hacía que fuera visible desde cualquier lugar.







    Colgante de variscita, una piedra semipreciosa procedente de la Península Ibérica


    La estructura de la tumba se configura a través de una estrecha y larga base pétrea sobre la que un pasillo comunica con varias estancias, una cámara funeraria principal, típica de los túmulos de esta zona,  de 2.4 x 1.4 m a 0.9 m de altura interna., que albergaba  la inhumación y el ajuar, y otras adyacentes, todas ellas construidas con mampostería ciclópea en seco y cubiertas por una gran losa, todas ellas en el centro del montículo. De ahí parten otros pasillos hacia los extremos

    Las estructuras excavadas, a pesar de un primer proceso de consolidación, debieron ser cerradas al público por una cuestión de seguridad y por ahora no existe un proyecto para continuar la investigación bajo el túmulo, de la que aún queda mucho por conocer.

    El ajuar, de prestigio, incluía 11 grandes hachas pulimentadas fabricadas en pyroxenita, 25 mas sobre fibrolita, 97 cuentas de collar discoidales y 10 colgantes de variscita, así como otras cuentas realizadas sobre hueso. Junto a ellos se reconocieron huesos humanos y de fauna, así como fragmentos de recipientes cerámicos neolíticos.
    El radiocarbono no permitió obtener unas fechas coherentes para la datación del túmulo, aunque , por comparativas con otros megalitos revisados parece que se admite que fue construido en varias fases hacia la mitad del V milenio a C.

    Sobre el significado cultural de esta gran obra, es evidente que la sociedad que lo construyó tenía conocimientos técnicos experimentados, y que se hallaba jerarquizada, sólo una excelente organización  del trabajo hizo posible la proeza de estas construcciones.
    Aunque es el mayor de los túmulos del territorio, existen una decena de ellos en la zona inmediata a los alineamientos de Carnac mucho mas desconocidos e inaccesibles, como los dólmenes  de Mustoir, Kerkado y Crucuny.
    Se trata de uno de los grandes túmulos pre-megalíticos que en la nomenclatura especializada se conocen como Tumuli Carnacens.


    Dólmen de Mustoir


    Los alineamientos de Carnac




    El estado mayor norteamericano en la liberación del territorio en 1944, estaba convencido de que las filas de menhires de Carnac constituían las defensas antitanques alemanas
    Foto: © Colección Privada / cmn



    http://www.ot-carnac.fr/visite-menhirs-carnac


    El conjunto de alineamientos de menhires (en bretón piedra levantada) de Carnac se articula en varios sectores conocidos como Le Menec, Kermario y Kerlescan, orientados este-oeste.
    Casi 4000 menhires conformaban este espacio destinado , según las últimas propuestas científicas, a poner en relación a los hombres con sus creencias simbólicas, constituyendo un lugar de manifestación religiosa, ritual y funeraria, a la vez que articuladora de la cohesión social durante el neolítico.

    Croquis de los sectores de Carnac. Fuente: www.editions.monuments-nationaux.fr

    En el primero de aquellos, el más cercano al túmulo de San Miguel, el alineamiento de Le Ménec, se contabilizan 1099 menhires colocados en 11 hileras. ocupando un espacio  de 100 m de ancho por 1,2 km de largo. Las hileras no son rectas, sino que describen una suave curva hacia el noreste, en la que se colocan las piedras por orden de altura, desde los 3,7 m. a los 90 cm. El sector se encuentra flanqueado en sus dos extremos longitudinales (este y oeste) por crómlecs (círculos de piedras). El crómlec occidental está compuesto por 70 menhires y mide 100 m.  El crómlec oriental está muy deteriorado, pero aún es perceptible.


    Maqueta de le Menec con el recinto configurado por menhires y los alineamientos

    El alineamiento de Kermario, al este del alineamiento anterior, tiene 982 menhires repartidos en  10 hileras. Algunos de ellos tienen hasta 7 metros de altura y disminuyen de tamaño a lo largo de sus 1.300 m de recorrido.

    El alineamiento de Kerlescan, al este de Kermanio, con 540 piedras alineadas en 13 filas, ocupa un espacio de 139 m de ancho y 880 m de largo. En su extremo occidental hay un crómlec de 39 menhires. Muy cerca se encuentra el menhir de Le Manio, conocido como el Gigante de Manio, con 6,5 metros de altura y a su lado el recinto de Manio, un túmulo de 37 metros de largo en total, y 7 de anchura en el lado oeste por otros 10 en el lado este. 



    Menhir de Le Manio

    Al este de de Kerlescan podemos encontrar un cuarto emplazamiento de menhires denominado Le Petit Ménec, con 101 piedras alineadas en 7 filas, que bien pudiera ser una prolongación de Kerlescan.



    Dólmen o cairn de Kerkado, junto a los alineamientos de Kermario

    Los alineamientos de Carnac empiezan a ser objeto de interés a  partir de 1877  cuando el escocés James Miln excava en  Kermario, anotando la posición exacta de los vestigios exhumados y escribiendo todas sus observaciones,  publicadas en 1881 en dos libros “Fouilles faites à Carnac (Bretagne). Les alignements de Kermario” y “Excavations at Carnac (Brittany) A record of archaeological researches in the alignments of Kermario” . El hallazgo de algunos cascos galo-romanos le hacen plantear la existencia de un campamento superpuesto a los menhires, para los que preveía una antiguedad mucho mayor.
    En la década de los años 20 , Zacharie Le Rouzic, pupilo de Miln, lleva a cabo campañas arqueológicas en los túmulos de Le Manio, demostrando su anterioridad respecto a los alineamientos de Kermario, pues a los pies del gran menhir, reconoció dos cistas de piedra con ofrendas funerarias de vasos decorados, flechas  de sílex y molinos de vaivén.
    La importancia de estos hallazgos, su vistosidad y excepcionalidad promovieron su conservación y mantenimiento. Nuevos modelos de gestión prohibieron el uso de los dólmenes como encerraderos de ganado, gallineros u hornos, así como la extracción de las piedras para facilitar el paso de carreteras o y su reutilización como material constructivo.




    Una de las mas atractivas cuestiones sobre estos espacios megalíticos es la capacidad técnica para arrastrar las grandes piedras y colocarlas hincadas con cuñas. Así, en 1979 se realizó una  apuesta de arqueología experimental que permitió demostrar que un bloque de entre 5 y 10 toneladas podía ser arrastrado sobre rodillos, avanzando en un día unos 100 metros, si se utilizaba para ello la fuerza de 200 individuos tirando de cuerdas vegetales.

    Si quieren conocer las condiciones de la visita este lugar pinchen aquí


     La Maison des Mégalithes , junto a los alineamientos, es el centro de recepción de visitantes.


    No dejen de acercarse a conocer el Museo de Prehistoria de Carnac, donde podrán ver los magníficos ajuares de San Miguel y Le Manio, entre otros muchos objetos arqueológicos del territorio. Se encuentra en lo que fue el hotel que alojó a uno de los arqueólogos que intervinieron en el reconocimiento de los megalitos.




    ¡Les deseo una muy feliz semana!




    www.museedecarnac.com
    https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3807761.pdf